2026

TEMPORADA de plazas diversas o lo que se tercie


TOREROS QUE PAGAN LA ITV

Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 25 de abril de 2026 / Y comparecían en la plaza de toros de La Maestranza, Sevilla, toros de La Quinta para El Cid, Fortes y Garrido

Otra vez que pagamos la ITV
Plaza de toros de La Real Maestranza, Sevilla. Festejo de abono. Casi lleno. Tarde con nubes y claros, agradable, fresca incluso al final.
Toros de La Quinta, cárdenos de distintas tonalidades, preciosos, armónicos, en general nobles.
El Cid, palmas y fuerte petición. Vuelta al ruedo.
Fortes, ovación y vuelta al ruedo tras petición no mayoritaria.
José Garrido, ovación y silencio.

Seis toros seis de hermosa presencia, más flojos los dos primeros, más arisco y bravucón el sexto pero seis estampas que deberían haberse ido al desolladero sin varios apéndices. En otro tiempo, quizá; en otro día, quizá; no en la resaca emocional y etílica de casi el cierre de la fiera. Qué admirable es Sevilla a veces y qué tiempos tan recios dispone cuando los toreros son tres tiesos, y NO esos que encabezan los carteles de todas las ferias y van ganando metros de reja para un cortijo. No estos tres. Hasta daba pena ver la furgoneta de uno de los de la terna: más kilómetros que un cantante viejo, más arreglos que un traje remendado, tantas ITVs pasadas, como sus propios cuerpos.


A buen seguro, los tres componentes de la terna soñaban con lo perfecto: una gran tarde, ganadería de solvencia, una Puerta del Príncipe inesperada, y vendemos esa vieja furgo y no pasamos ya una ITV a destiempo. Los tres, en suma, son toreros veteranos, curtidos en mil batallas, a los que nadie ha regalado nada. El Cid fue un mandón del toreo; Fortes ha sufrido lo suyo y sus ITVs personales se miden en quirófanos, operaciones, revisiones y traumatólogos; Garrido ha viajado por América, por los pueblos del miedo, los valles del terror, las corridas inciertas y aquí anda a ver si jubila la vieja furgoneta.

Pero ¿es que acaso han estado mal? ¿Acaso han tenido un sonoro fracaso? Pues no. Ni mucho menos pero esta tarde de fin de feria, con tiempo cambiante y fresquito inexplicable de Sevilla, ha sido gélida en tendidos y palco A ver. teniendo a Manzanares, a Roca (con perdón de su percance) y a otros consentidos, ¿para qué esforzarse con tres tiesos? Bien es cierto que había una gran entrada (nuevo éxito de Garzón) pero muchos de los habituales no cogieron su entrada y se veía mucho curioso despistado y mucho guiri. Y es cierto que tanto los extranjeros como muchos locales no saben aún que las orejas se piden con pañuelos.


Estos tres guerreros de la ITV se la vieron, en suma, con una gran corrida de La Quinta. No fue la fiereza o bravura esperada y, claro está, que algunos toros flojearon en el último tercio. Pero el espectáculo ha sido encomiable: ha habido quites, ha habido lidia, buen tercio de varas y juego de muleta. Algunas espadas fallaron lo que privó, como en el caso de Garrido, un glorioso premio en el tercero. Garrido, extremeño como Ferrera, sabe de la lidia y vio posibilidades a Palomito, de bella estampa. Le dio juego largo, por la derecha sobre todo. Mató mal y se quedó sin premio y furgoneta.


El Cid, que ha pasado también inspecciones varias, y está al borde de la retirada definitiva, debió arriesgar un poco más con su primero, al que aplicó una faena técnica y aseada que no caló del todo. Pero en el cuarto, mostró sus mejores armas Compareció la famosa izquierda y hasta recetó una excelente estocada. Hubo petición mayoritaria y no habría pasado nada por dar la oreja, sobre todo si recordamos algunas de las concedidas.


Hay quien dice que Sevilla no se entera de algunas buenas faenas. Pero ¿qué es Sevilla? Hay un público cambiante según festejo pero, en mi modesto entender, yo ahora me acuerdo de algunas faenas que debieron ser de premio: la de Urdiales o la de Morante del día del percance. Era de dos, Sevilla. Hoy ha ocurrido algo trascendente. Parecía que Fortes, tras un vibrante comienzo de rodillas en el quinto, no se haría con el toro. Y hete aquí que este otro veterano toma la izquierda y pega unos naturales que te pagan una hipoteca y liquida cualquier inspección técnica de vehículos. A por la Mercedes. Hubo otra tanda por la izquierda incuestionable y una más, con la música sonando, con la derecha. Estocada y... Nada. Apenas hay petición. Aquí no se ha visto.


Después del desastre de Victoriano y de Juan Pedro, la tarde de La Quinta ha sido preciosa para el buen aficionado. Mi compañero de localidad, malagueño, decía: a Fortes en Málaga si hace esto le dan el rabo y al Cid las dos orejas. A lo mejor no tanto. Pero ha sido extraña la frialdad. Cada torero salió feliz interiormente pero cabizbajos. Otro año que no cambio la furgoneta. Otro año que paso la ITV. ¿Hasta cuándo?



David Ferrer, 25 de abril de 2026
davidferrer@arboladura.es

SEVILLA, 25 DE ABRIL

El toreo eterno sin respuesta
Corrida de toros / Estábamos a viernes, un 24 de abril de 2026 / Y comparecían en la plaza de toros de La Maestranza, Sevillatoros de Juan Pedro Domecq, para Luque, Ortega y Aguado.

NI ARTE NI HARTOS DE VINO

Plaza de toros de La Real Maestranza, Sevilla. Festejo de abono. Lleno de no hay billetes. Tarde con nubes y claros, calurosa.
Toros de Juan Pedro Domecq, justos de presentación, nobles pero sin fuelle ni emoción alguna.
Daniel Luque, silencio y oreja.
Juan Ortega, silencio y ovación.
Pablo Aguado, ovación y silencio.

Las rodillas de atrás. El puro. A un lado, a otro. Las piernas abiertas del de al lado. Aventuras y desventuras por hacerte sitio. Tu espalda de medio lado. Un latiguillo en la espina dorsal. Agarrotamiento en las pantorrillas. Ay que dolor. No sufras, que hoy arte. No saber donde poner los pies. Plaza histórica. Qué bonita es La Maestranza. Sí, es la más bella pero incómoda cuando hay cartel de arte y no sabemos si, por arte de birlibirloque, donde ayer estábamos veinte hoy nos apechugábamos veintitrés. Ha venido gente nueva. Un runrun del arte: tres sevillanos, tres. Hoy van a bajar los ángeles del cielo y acompasar el capote, mecer la muleta como en un paso de palio. Hoy se sublima el arte. Hoy dos puros, hoy lleno. Hoy tres gin tonics, a medio vaso por toro. Cuando llevan el segundo se expanden y donde cabíamos dificultosamente uno apenas cabe mi muslo.

Qué guapos van los tres toreros sevillanos. Qué apostura, qué saber andar. Vamos, que ahora viene el arte. No se pudo en el primero, un toro tan noblón como de escaso recorrido, alma en pena, como los hermanos del Calvario. Dejen paso que viene Juan Ortega. Ese capote que para los relojes. Otro toro sin fondo. Ay, Pablo Aguado, ay mi Pablo, decía una señora cercana. Los visitantes van ya a por otro gin. Pablo. Viene con ganas, parece mejor. Un comienzo de rodillas, extraño en el torero, predice la gran faena, el sublime arte. Suena la música. Dos tandas después el toro se ha quedado. Otro calvario con la espada.

Luque en cartel de campanillas. Yo lo entiendo. Mejor estar aquí que en un martes triste de preferia. El pasaje que hay que pagar son estos toros. Que sí, que son nobles, y que Juan Pedro a veces saca algunos que dan triunfos y hasta embisten. Pero tanto almíbar a veces los deja somnolientos. Como plenos de melatonina y valeriana. Luque lo intenta. Una serie y otra y al final, con el toro moribundo, golpes de efectos: pases cambiados, luquesinas... Estocada y una oreja por el aburrimiento de la tarde. Ortega también lo intenta en el quinto. Y Aguado estira un par de naturales bellos en un sexto que pide, por piedad, que se lo lleven al arrastre.

Tanto arte, tanto arte, y ni hartos de vino ni gin tonics. Almohadillas al ruedo. Pitos, no muchos. Sevilla tampoco es una plaza indolente ni agresiva. El próximo año veremos de nuevo a estas figuras con los del Puerto de San Lorenzo o los Juan Pedros. En alguna de estas tardes surgirá el arte. Si el público no queda harto del binomio Ortega y Aguado. Que ya se repite en muchas ferias.

David Ferrer, 24 de abril de 2026. 
davidferrer@arboladura.es

SEVILLA, 24 DE ABRIL

Toros sin alma para el arte
Corrida de toros / Estábamos a jueves, un 23 de abril de 2026 / Y comparecían en la plaza de toros de La Maestranza, Sevillatoros de Victoriano del Río y Cortés, para Manzanares, Roca Rey y Zulueta

EL PLOMO Y LA SANGRE

Plaza de toros de La Real Maestranza, Sevilla. Festejo de abono. Lleno de no hay billetes. Tarde gris, temperatura agradable, lleno de no hay billetes.
Toros de Victoriano del Río y Cortés, desigualmente presentados, algunos anovillados, en general mansos y descastados, más desabridos el quinto y sexto
Manzanares, silencio y algunos pitos.
Roca Rey, ovación y dos orejas que recogió la cuadrilla al caer herido en la suerte de matar.
Javier Zulueta, palmas y petición de oreja, no concedida, y vuelta al ruedo.

Con Morante, por Morante, desde Morante, todas las miradas en esta feria y en otras están puestas en un Roca Rey, al que se ha visto en la parte final de la temporada pasada y en la presente algo ausente, como vencido por la presión. A nadie se le escapa que esta situación de bajón no podía continuar y menos tras la consagración, por plebiscito, taquilla, aclamación popular y también por los medios, del torero de La Puebla como el nuevo ídolo indiscutible. De modo que la corrida de hoy venía para el peruano con balas de plomo. Morir o matar. 

El problema es que los toros que ha enviado don Victoriano del Río andaban envenenados de plomo: plomizos, plúmbeos, sin gracia, sin casta, sin nada. Unos trancos de apatía que se contagiaban a los tendidos, bostezo tras bostezo y con la sensación extraña de un cielo plomizo, nada sevillano, que caía, también a plomo, sobre los tendidos. Así el primero, el segundo, el tercero y el cuarto. La tarde se desplomaba ya definitivamente en el cuarto.

Contribuyó al ambiente plúmbeo el director de lidia, aquel que hace pocas temporadas no quería abrir cartel y que, irremediablemente, le toca abrir ahora cada feria, cada festejo, cada tarde. Como decía Gil de Biedma, en verso ya manido, de todo hace ya veinte años. Manzanares, al que admirábamos. Manzanares, el estilista, elegante y templado, es ahora un ejecutor de la fiesta, el vecino cansino que se nos cuela en los festejos. Elegantemente vestido, en cobre cotizado, no se acopló con ninguno de sus oponentes. Aquí y allá. Me pongo. Me quito. Un plomo. Mira que lo quieren en Sevilla, pero ayer hasta recibió pitos, que sonaban como balas. Insólito.

Difícil lo tenía Zulueta, que contó con el cariño de sus paisanos y de todos los estamentos de esta plaza que, por vínculos familiares, es su casa. Entró en quites, con más voluntad que acierto, y dejó muestras de que, contratos por medio, práctica y entrenamiento, puede ser un nombre interesante en el escalafón. Pero los toros plomizos de don Victoriano poco lo ayudaron. Con el sexto, más temperamental, tiró de valor y el cariñoso público le pidió hasta una oreja. No la concedió el presidente y Zulueta dio una vuelta al ruedo más contento que unas pascuas. 

En el sexto se dejó ver Curro Javier. Qué hombre, qué lidia, qué par de banderillas. Venía de una convalecencia peligrosa en el hospital. Se quedó fuera de la cuadrilla de Morante en este tiempo de que aparezco, no aparezco, toreo, no toreo. Pero esperamos que tenga cabida en muchas cuadrillas esta temporada porque subalternos de lujo, con su pelo de plata, no abundan. 

Y Roca. Algo desbordado por la apatía del segundo, tiró de recursos con un errático quinto, de ideas maliciosas. Su último toro en la feria. La feria de Morante, la sensación de que ha perdido el trono. El comienzo de la faena fue de recursos: de rodillas, los pases cambiados por la espalda marca de la casa, el arrimón y circulares. Hubo sensación de cierta previsibilidad a mitad de faena y un desarme a destiempo interrumpió la música. Enfadó esto al diestro. Y dio entonces las mejores tandas, con un circular invertido eterno. El toro era una bala de plomo. Astifino, malicioso, ofensivo. Había que morir o matar. Un sacrificio. Dos cornadas, dos orejas (quizá excesivas en la emoción espontánea y en la pesadumbre plomiza de la tarde) pero nadie va a discutirlas teniendo en cuenta que Roca dio sangre y valor donde antes solo hubo plomo.


David Ferrer, 23 de abril de 2026. 
davidferrer@arboladura.es

SEVILLA, 23 DE ABRIL

Tarde de plomo con sangre de Roca
Corrida de toros / Estábamos a domingo, un 8 de febrero de 2026 / Y comparecían en la plaza de toros de La Candelaria, Valdemorillotoros de Torrealta para Uceda Leal, Juan Ortega y Pablo Aguado.

QUITARNOS EL FRÍO.

Plaza de toros de Valdemorillo, Madrid. Tercer festejo del abono de San Blas. Lleno de no hay billetes. Calor en el interior. Fuera, ni te cuento lo que hacía.
Toros de Torrealta, desiguales, mansos, flojos, con poco celo en el caballo, se han venido abajo pronto. Mejores el cuarto y el quinto.
Uceda Leal, silencio y vuelta al ruedo tras leve petición. 
Juan Ortega, palmas y dos orejas.
Pablo Aguado, palmas y silencio. 

Era Valdemorillo una plaza en el ártico. Se construyó una moderna plaza con cubierta y con una inusual calefacción y hay quien añora los fríos de antaño. La rasca que está haciendo en estas latitudes en las últimas semanas son lo menos propicio para una tarde de toros. Pero mira que somos contumaces, pues a Valdemorillo hemos ido, con nieve en las cumbres, y vientos gélidos, y hemos llenado. Y además nos hemos divertido. Sí, lo sé, esto no tiene aquel aroma romántico de los ochenta y los noventa, con ganaderías más fieras y toreros aguerridos. Pero hay que darle una oportunidad a estas plazas cubiertas. Algunas son muy feas, pero son calientes y muy cómodas. Y no se aprovechan.

De modo que a Valdemorillo hemos venido a quitarnos el frío. Como el que se toma un anticatarral, un suplemento de vitamina C, un cordial para el cuerpo. Hay que desentumecerse y creerse que ya ha pasado más de un mes de este 2026 y que aquello de Morante por octubre es ya tan solo un símbolo emotivo. Estamos ya a otra cosa. A los toreros les viene bien Valdemorillo. Y si están mal, no supone un lastre en su temporada. Pero si están bien, tiran pa´lante. A los toros no sé: los de la ganadería de hoy parecían desconcertados. Es lógico: los tienen a la intemperie a cero grados y, de repente, los sacan por toriles a un ambiente cálido, como Peñíscola en el mes de agosto. Así que  los de Torrealta  de hoy se agostaron pronto: salían cansinos, apenas fueron castigados en el caballo, miraban contrariados como ese vecino que va a comprar el pan a las cuatro de la tarde en agosto. Lo malo es que estábamos en febrero. Calor dentro, frío terrible fuera. Y así los toros, los pobres.

El cartel era de veras interesante. Dos toreros no perdieron: Uceda Leal, elegante, puro y frío, como siempre, se topó con un buen toro y, cuando se quiso dar cuenta, el ejemplar daba señales de agotamiento. Mostró Uceda su técnica, su saber andar pero le falta siempre ese paso adelante, apostar con pasión por una faena. Hoy lo ha intentado, tarde. El público, no obstante, le agradece siempre su disposición y saber estar. Es un lujo que te abra unos carteles. Por lo que respecta a Pablo Aguado, estaban las cosas en su tapete, hay runrun de nuevo hacia su figura. Pero no ha tenido suerte. Sus toros vinieron mortecinos y en el tercero abusó un poco del tiempo del respetable. Queda, en cualquier caso, su recibo capotero. Es Aguado tan personal, tan equilibrado, que esos recibos a capote lacio, compás abierto, te pagan el viaje en una tarde de invierno. Si pueden, vean el vídeo en instagram o en X.

Había un torero hoy que sí podía perder algo, teniendo en cuenta que su temporada anterior fue algo mortecina. Quizá este 2026 sin la presión de un Morante ubicuo, veamos de nuevo al mejor Juan Ortega, el de las raíces belmontinas y trianeras. Poco ocurrió en el flojo segundo pero la cosa se transmutó en calor de verano en la faena del quinto. Hubo tandas exquisitas (también descuidos y lógicos enganchones a principio de temporada). Pero la faena se cantó como grande. Es además Juan Ortega un brujo para quitar los fríos con esos ayudados por alto del comienzo y los finales genuflexos. No será, desde luego, la faena más rotunda del trianero ni quizá la mejor de las que le hemos visto en Valdemorillo. Queda, no obstante, la sensación de que este genio ha vuelto, que se ha tomado dos antigripales, se ha sacudido el frío y ha dicho: aquí estoy de nuevo, mientras se lo llevaban en volandas tras cortar las dos orejas. Qué alegría si así viene la temporada.

Salimos de nuevo al frío. El público se arremolina en los corrillos, buscando calor humano. Hay parabienes para los empresarios, Zúñiga, por el éxito de la feria, y también para Garzón, que saluda aquí y allá como un nuevo papa en su difícil y nueva tarea de empresario de Sevilla. Entre la juventud, la adolescencia, la primavera de la tauromaquia, se marcha Juan Ortega, el nuevo ídolo al que tantos chavales podrán agarrarse. Veremos. De momento nos hemos sacudido el frío. Y sí, en la plaza de Valdemorillo hace calor. Quién lo diría hace treinta años. 

David Ferrer, 8 de febrero de 2026. 
davidferrer@arboladura.es

VALDEMORILLO, 8 DE FEBRERO

Tarde de frío y calor de Juan Ortega

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