TEMPORADA TAURINA 2024

No pretenden ser unas crónicas al uso, solo dejar en el recuerdo algo de la despaciosidad que pudo verse o no en algunos de los festejos.

Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 22 de junio de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Rozas de Puerto Real, Madrid,  toros de Hermanos Cambronell, Antonio Ferrera, Alberto Durán, Borja Jiménez.

Maestro mágico

Plaza de toros Rozas de Puerto Real, Comunidad de Madrid. Más de media entrada. Sábado 22 de junio
Seis toros de Hermanos Cambronell, de Salamanca, desigualmente presentados, alguno sospechoso, generalmente sin fuerzas. Primero devuelto.
Antonio Ferrera, oreja y ovación.
Alberto Durán, saludos y silencio.
Borja Jiménez, oreja y dos orejas.


A veces hay pueblos recónditos donde se anuncia un cartel inesperado, distinto. Habíamos dudado entre acudir al cartelazo de Torrejón (incluso con la baja de Morante) y nos fuimos finalmente a un pueblo de 500 habitantes, que tiene una coqueta plaza estable y donde te anuncian a un maestro consumado pero excluido de casi todas las ferias, Antonio Ferrera; a un veterano inédito de Zamora, Alberto Durán y, finalmente, al triunfador de San Isidro, Borja Jiménez, al que ciertas figuras no tardarán en ningunear en los carteles, como hicieron con Luque. 

A Rozas de Puerto Real no nos llevó el camino de baldosas amarillas sino el capote sedoso y azulado de Antonio Ferrera. ¡Qué placer es ver a este torero cada tarde! ¡Qué tauromaquia diferente! ¡Qué injusticia en los despachos hacia un torero con más de cuarenta cornadas y que hasta hace nada encabezaba los mejores carteles de las ferias!

De los tres actuantes, Alberto Durán es el menos conocido. Lleva una trayectoria muy en la sombra, con algunas reapariciones en su tierra, Zamora, y a buen seguro que tenía esta tarde en su cerebro como un pequeño trampolín. Con los dos toros más deslucidos de la tarde, se notó a veces su escasa presencia en las plazas, pero hizo gala de una torería añeja, clásica, un poco a lo Andrés Vázquez. Hubo algunos naturales y pases de pecho, rectilíneos, firmes y seguros, como de hace cuatro décadas. Ojalá pueda sumar algún otro contrato antes de que tenga que tirar por el camino de la retirada a falta de oportunidades.

Borja Jiménez está en su momento. Y no es nuevo. Lo curioso del cartel es que entre los tres matadores sumaban casi 45 años de alternativa. Pero las cosas están como están y, hasta el triunfo del año pasado, el torero de Espartinas estuvo deambulando y meditando en casa. Una faena medida ante un toro escandalosamente inválido en su primero. Pero porfió y le sacó algunas tandas estimables. La faena de su sexto no fue de dos orejas pero Borja Jiménez está realmente animoso y lo intenta siempre. Visto desde la barrera, molesta bastante el encimismo de su apoderado Julián Guerra quien, más allá de un mentor, de aconsejar, le construye la faena paso a paso. Y hay que estar muy templado para aguantar eso: "ahora al hocico, más al lado, cita ahora, hacia abajo, dale sitio, ahora balancea la muleta..." Una estocada certera le sirvió para pasear dos orejas. 

El primero de Ferrera salió renqueante y descoordinado por lo que hubo que devolverlo sin discusión. Al sobrero le hizo una faena de las suyas: potente, con naturales desmayados y alargando los muletazos como hacía antiguamente Manzanares. Una oreja. Al sexto lo recibió con el capote azul en una sinfonía que terminó en el centro del ruedo. Decidió brindar la faena a un icónico banderillero, el Pali, y no dudó en subirse al tendido, estoque, muleta y montera en mano para abrazarse al veterano. Transmutado en magia, en fuerza inspiradora, comenzó su faena de rodillas y sacó todo lo que pudo de un animal grandote, con las fuerzas justas. Hubo tandas de naturales hermosísimas. Ahí está la clave de este torero ahora: lo vimos el domingo de Ramos en Madrid y, bajo el diluvio, en la última semana de San Isidro. El natural, como su nombre indica, marcando el camino del toro, sin composturas ni retorcimientos.  Y, después, efectismos, molinetes y lo que haga falta. La faena era de dos orejas. Dos pinchazos impidieron el gran triunfo. 

Antonio Ferrera, incluso con sus excesos, con su giros copernicanos, es hoy un torero diferente, necesario ante esta mediocridad y fotocopia calculada de las ferias de España. Por algo será que lo han entendido en América. Pero es hora de cambiar las tornas y que nos ofrezca una temporada completa apabullante. Como dijo Rubén Darío de Verlaine: padre y maestro mágico. Eso es Ferrera.

David Ferrer, 22 de junio de 2024. 

Las Rozas de Puerto Real 8 de junio, algunas fotos del festejo.

Ferrera, Durán, Borja
Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 8 de junio de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Las Ventas, Madrid,  toros de Román Sorando, Diego Urdiales, Juan Ortega, Pablo Aguado.

Todo mal, toro mal.

Plaza de toros Las Ventas de Madrid en día de lluvia. Lleno de no hay billetes. Sábado 8 de junio.
Seis toros de Román Sorando, desigualmente presentados, mansos, sin casta, sin fuerza. Tercero y sexto devueltos. Sobreros respectivamente de José Vázquez y Montalvo.
Diego Urdiales silencio y silencio.
Juan Ortega, silencio y silencio.
Pablo Aguado, silencio y pitos.


Todo mal. Desde el principio. La corrida del arte, sobre el papel un cartelazo, se estrelló ya en el paseíllo como prueba inequívoca de que Las Ventas ya no es lo que era y es lo que es: una especie de Titanic, con un público ebrio, inconsciente del iceberg que está cerca. Los toros, mal. Los toreros, mal. El público, peor. La presidencia, mal. El ambiente, horrible. La atención y los detalles, peor que un pueblo. Sigan así, que no hará falta un ministro Urtasun ni que el Pacma saque un solo escaño (pues seguirá sin sacarlo). Con lo que tenemos dentro, ya vamos camino del desastre.

Todo mal. Se plantea la corrida artista como un homenaje a la Policía Nacional. Bueno. Es anecdótico. Uno esperaba, por tanto, alguna exhibición de este cuerpo en las inmediaciones, algún detalle con los niños y jóvenes presentes. Nada. Seguro que Marlaska lo ha prohibido. Tampoco sabemos qué méritos taurinos tiene este cuerpo. Quizá que escoltaban vestidos de marrón a Curro Romero en las broncas de los ochenta. En fin.

Todo mal. Antes de sonar clarines y timbales, en una megafonía ochentera, un locutor tartamudeante anuncia que se va a guardar un minuto de silencio y sonará el himno de España. Nada nuevo. Y pensé: verás lo poco que va a durar el minuto y lo poco que va a escucharse el silencio. Así fue. Unos cuantos borrachos dijeron no sé qué y se montó una turbamulta en los altos del siete, el mismo lugar de la famosa pancarta del primer día. El mal gusto ha colonizado el siete. ¿Será intencionado? La policía, en el día de su homenaje, compareció a echar a los borrachos cayetanos. 

Todo mal. Toro mal. Los seis toros de Román Sorando fueron una liquidación ganadera, como esa camiseta arrugada que queda en los grandes almacenes el último día de las rebajas de verano. El que no tenía fuerza, era manifiestamente manso. El que no rehuía al caballo, tenía un aspecto anovillado. Los sobreros estaban aburridos de serlo. Y pensaron: mejor pasar al otro mundo que estar seis días en los corrales.

Todo mal. Urdiales lo intentó con su primero y le salió alguna tanda. Pero todo se deshacía por arriba, los pitones punteaban la muleta y aquello no parecía tomar vuelo. Ortega se encontró con un manso en su segundo. Abrevió, y bien hizo. En el quinto, cogido con alfileres, comenzó pegado a las tablas en lo que parecía el inicio de una gran faena. Pero, ay amigo, toro mal. En seguida doblaba las manos, la pata y el testuz. Al menos en el otro mató bien. Aquí dio un sainete con el estoque.

Todo mal. Incluso Aguado. Dicen que en algunas plazas menores ha reverdecido. Aquí estaba contrariado, desconfiado e impotente. Como era el último, y es el más sevillano, el público la tomó con él como representante máximo del desastre cuando en el sexto no quiso ver al toro y macheteó a la primera de cambio. Una bronca.

Todo mal. Lanzamiento de almohadillas como espectáculo lamentable de final de festejo. Si alguien fue por primera vez a los toros tal día como hoy, dudo mucho que quiera volver. Salvo que disfrutara en las verbenas del recinto. La empresa lo tiene todo calculado: las entradas por las nubes, las consumiciones a todo trapo, llenazos cada tarde y un saldo ganadero que habrán comprado con lo que sacan de las barras. 

Todo mal. La gente la tomó con los toreros, cuya parte de culpa tendrán por apuntarse a este festejo. Pero habría que haber buscado a Abellán y compañía, y que no dejaran de correr hasta resguardarse en Manuel Becerra. Y el próximo día aplaudís a Ayuso, que no deja de ser la responsable máxima de la plaza. 

David Ferrer, 8 de junio de 2024. 

Las Ventas, 8 de junio, algunas fotos del festejo.

Todo mal
Corrida de toros / Estábamos a jueves, un 6 de junio de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Las Ventas, Madrid,  toros de Adolfo Martín, Antonio Ferrera, Manuel Escribano, José Garrido

La lluvia ácida

Plaza de toros Las Ventas de Madrid en tarde bochornosa con tormenta desde el cuarto toro. Casi lleno. 
Seis toros de Adolfo Martín, bien presentados, mansos y sin raza los tres primeros, flojos y más nobles los tres últimos.
Antonio Ferrera, silencio y ovación.
Manuel Escribano, silencio y vuelta al ruedo.
José Garrido, silencio y saludos.


Una de las imágenes icónicas de la plaza de Las Ventas es aquella en la que se ve al histórico crítico de El País, Joaquín Vidal, solo en el tendido de sombra bajo un aguacero y resguardado por una capa de lluvia. En esta plaza se recuerdan faenas memorables bajo aguaceros pero quizá en otros tiempos el público tenía más aguante y venía mejor pertrechado. No en vano, feria de San Isidro, Feria del Libro y lluvia eran algo que venían de la mano. Lo que ocurrió en el cuarto toro, que le correspondía a Antonio Ferrera fue como si se anunciara la llegada de la lluvia ácida y, en consecuencia, tres cuartas partes de los espectadores salieron como si un líquido corrosivo fuera a desfigurar sus cuerpos. También tuvo algo ese momento de impulso eléctrico, de LSD, de ácido por el que la gente se vuelve tarumba por una tormenta inesperada y veraniega. De modo que la corrida quedó partida en dos: en la primera los toros eran lisérgicos, amuermados, narcóticos mientras que en la segunda tanto público como actuantes decidieron beber de la lluvia ácida y descomponer el equilibrio.

Volvemos a decirlo: Antonio Ferrera no es exponente de nada, porque no tiene seguidores, sino que es único, diferente, brujo. Es distinto a todo. Y sabe hacer magia donde otros habrían tomado alivio, un macheteo por bajo y a ponerse a cubierto de la lluvia. Pero a Ferrera la adversidad le provoca: ha tenido una temporada triunfal en América, le cortó la oreja en Madrid a un toro de Cuadri de casi 700 kilos el pasado domingo de Ramos, le corta un rabo a un Victorino en Osuna hace poco, sufre una cornada en Monterrey hace escasas semanas. Y aquí está: haciendo magisterio. Ante una ruina de toro, sin fuerza, hizo de su muleta un andamio y citó para dar los mejores naturales que se han visto en esta feria. Y bajo un aguacero y con el público en desbandada. Que se enteren los públicos y los despachos: si quieren ver a alguien diferente, Antonio Ferrera debería estar en todas las ferias.

A Manuel Escribano también le gustó lo ácido de la corrida. Ya había probado la porta gayola en su segundo y fiel a su tradición, lo repitió en el quinto tormentoso. Le sacó una faena a un toro áspero llegando a ser cogido sin consecuencias. Una gran estocada puso al público que restaba en la plaza como loco, la lluvia ácida, y pidió clamorosamente una oreja que no fue concedida. ¿Y si la dan? Tampoco pasaba nada: orejas de menos peso hemos visto en esta feria. 

José Garrido admira a Ferrera, lo sabemos. Algunos pases del sexto recordaron mucho al director de lidia. Pero a esas alturas ya poco importaba. Como tampoco importaba la primera parte de la tarde, con unos toros tan preciosos y tan ofensivos como descastados y bajos de raza. El desafío torista de este año en San Isidro ha quedado bien aguado. Hoy sobre todo.

Dos consejos para nuevos y veteranos: unos plásticos nunca vienen mal. Y hay que aguantar al menos hasta la muerte del toro. La lluvia no es corrosiva. La lluvia no es ácida. La lluvia moja. Pero no duele.

David Ferrer, 6 de junio de 2024. 

Las Ventas, 6 de junio, algunas fotos del festejo.

Los adolfos
Corrida de toros / Estábamos a miércoles, un 5 de junio de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Las Ventas, Madrid,  toros de Victorino Martín, Paco Ureña, Borja Jiménez

Entuertos

Plaza de toros Las Ventas de Madrid en tarde calurosa. Lleno de no hay billetes. Presencia de SM El Rey don Felipe VI en el palco real.
Seis toros de Victorino Martín, bien presentados, desiguales de comportamiento, en general avispados y correosos. 
Paco Ureña, silencio, vuelta al ruedo, silencio.
Borja Jiménez, silencio, silencio, silencio.
Álvaro de la Calle como sobresaliente, no tuvo que actuar.


En el día lorquiano por excelencia (había nacido a las cinco de un cinco de junio), la tarde no salió ni pinturera como los torerillos del Guadalquivir ni trágica, por suerte. Así que la cosa quedó más bien quijotesca donde los dos matadores de este extraño mano a mano llegaron para "desfacer entuertos", como dice el clásico cervantino. Y aunque la sensación final sobre el festejo por parte de muchos aficionados fue la de un gran petardo, debemos hacer diversas lecturas de cuanto aconteció en el ruedo.

En primer lugar, lo inusitado del cartel. Los "mano a mano" han de tener un carácter duelístico, de afrenta. Joselito, Belmonte; Paco Camino y El Cordobés o, en tiempos más recientes, Joselito y Ponce. El único "mano a mano" justificado en nuestros días sería el de Roca Rey con Daniel Luque, pero antes nos tocará el gordo en el Euromillones. En segundo lugar, la Corrida de la Prensa se convirtió en una especie de Beneficencia anticipada. Tal vez por razones de agenda, tal vez por coincidencia electoral, no quiso el Rey venir el próximo domingo por lo que hubo de engalanarse el Palco Real a mayor gloria del monarca, siempre tan bien recibido, de Ayuso, que llega como una reina, y del ministro Planas, que parece una buena persona y a quien le correspondió sustituir al escabullido cultureta Urtasun. En resumen, tarde de gala, tarde de expectación. No parece, por otra parte, buena idea concentrar la explosión del encaste Santa Coloma y Albaserrada (Escolar, Victorino, Adolfo) tan seguidos y menos en una feria que está siendo tan exigua de triunfos.

Los toros de Victorino no salieron malos. Salieron Victorinos. Astifinos y corniveletos, no apareció el toro de carril como el que lidió recientemente Ferrera en Osuna. Tuvieron todos ellos movilidad: la prueba es que iban al caballo y a todo lo que se movía en el ruedo y ya desde el primero los picadores y subalternos tomaron sus precauciones. Esta fue una de las claves del festejo: los Victorinos, salvo el segundo, picado por Sandoval, fueron masacrados en el tercio de varas, tapándoles la salida, con unas malas colocaciones y pésimamente lidiados y banderilleados. En un momento en el que tenemos subalternos exquisitos, ayer no dieron una. Y la corrida lo sufrió.

Por otra parte, la disposición del público. Acostumbrado este a un toro bobalicón e incluso adormilado ante el que solo se puede decir "no ha tenido suerte, no ha podido hacer nada", ayer la cosa se puso del lado de los toros. Que necesitaban una lidia ordenada, que los capotes y muletas no rozaran y que no molestaran al toro. Que se abrieran los caminos. Paco Ureña lo intentó de veras en el tercero de la tarde, de nombre Japonés. Hubo alguna tanda suelta en la que consiguió encelar al victorino pero quedó la sensación de que podríamos haber visto más. Una estocada certera casi le pone en las manos una oreja que quedó solo en una bonita vuelta al ruedo.

La segunda parte de la corrida, bien por las características del toro, bien por la inercia de la tarde, se vino todo abajo. Hay un problema en Borja Jiménez y quizá tenga que ver con la gran apuesta que ha hecho su apoderado. Se llevó el pasado viernes el toro de la feria sin conseguir rematarlo y ayer se quedó sin ideas ni capacidad lidiadora, precisamente lo contrario de lo que se cantó de este torero sevillano en la feria de Otoño pasada. Pero el toreo es así: tan pronto te encumbran como que pierdes pie y te vas al precipicio. Le queda una tarde para mantener el crédito.

Los matadores de ayer estaban llamados a deshacer entuertos, provocados por unos toros distintos, porfiadores. El jueves es la de Adolfo. Veremos.

David Ferrer, 5 de junio de 2024. 

Las Ventas, 5 de junio, algunas fotos del festejo.

Los victorinos
Corrida de toros / Estábamos a viernes, un 31 de mayo de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Las Ventas, Madrid,  toros de Santiago Domecq, Uceda Leal, Alejandro Talavante, Borja Jiménez

Santi, Santi

Plaza de toros Las Ventas de Madrid en tarde primaveral con algo de viento. Lleno de no hay billetes.
Cinco toros de Santiago Domecq, desigualmente presentados, encastados excepto el segundo. Un toro de Algarra remendó la corrida en cuarta posición.
Uceda Leal, ovación y ovación
Alejandro Talavante, silencio y saludos
Borja Jiménez, oreja y silencio.


La familiaridad es síntoma en la tauromaquia de un respeto incipiente por parte del aficionado o del gran momento que disfruta una ganadería o un torero. Así, en los alrededores de la plaza no se oía más que decir "a ver que tal lo de Santi", es que "esto de Santiago está saliendo muy bien". Vamos, como hablar del primo que ha comprado un frigorífico nuevo y le funciona de maravilla. A mi lado en el tendido, unos aficionados sevillanos hablaban de Borja, de Borjita, de su hermano, de sus padres. Resultaba muy claro que venían por Borjita. De modo que la tarde ayer estaba sentenciada de antemano: quienes venían por Santi, por Santiago Domecq, que está teniendo unas temporadas excelentes y con un gran éxito en Sevilla y, por otro lado, por Borja Jiménez, ese torero que no es nuevo pero que impactó el pasado año con una de Victorino.

Completaban el cartel dos veteranos. Uceda Leal, primorosamente vestido, en una tonalidad (purísima o cielo) que no es habitual en su paleta de colores. Y es que ver a José Ignacio Uceda Leal andar por la plaza, su elegancia, su prestancia es ya una alegría para los ojos. Lástima que en esta última etapa de su carrera no esté encontrando acomodo en muchas ferias pues se merecería algo más solemne. Ayer se las vio con un toro pastueño, algo anovillado de Santiago Domecq, al que toreó elegantemente con la capa y del que sacó unos naturales de otra época. Al cuarto, de otra ganadería, que vino a remendar la corrida, consiguió lidiar con su habitual prestancia sin eco. Pero no es su problema. Veamos: 

El problema de los toreros veteranos, no mediáticos, estriba no en su capacidad lidiadora y elegante, que le sobra a Uceda, sino en el público que llena Las Ventas. Algo de análisis sociológico conviene aquí, no sin cierto enfado: no puedo convertirse el tendido en la barra constante de un bar. A los toros se viene ya bebido y comido y, si quieres una juerga posterior, bien está la verbena del llamado cuarto tercio o los estupendos bares como César, La Tienta y otros que se encuentran en las inmediaciones. Ayer me perdí el recibo capotero de Uceda porque algunos pobres aficionados no hacíamos otra cosa que servir de correa de transmisión de una copa y otra y otra durante la lidia. No. No hay derecho. Yo no pago setenta euros para ejercer de camarero improvisado. ¿A qué viene esta gente a la plaza? ¿En qué momento se han dado instrucciones de que la venta de bebidas es normal en cualquier tiempo?

Volvemos. Así que lo de Santi. Tan apesadumbrados estábamos durante esta feria, que ayer vimos al menos tres toros memorables: algo menos el primero pero excelente el tercero y codicioso y complicado el quinto. Lo de Santi. Si el mundo de los toros fuera normal, medio escalafón superior estaría pujando por apuntarse a esto, a La Quinta o a Fuente Ymbro. Pero ya se sabe. Como muestra un botón: ayer Alejandro Talavante, que está en la parte alta del escalafón, llegaba con la inercia de haber recuperado su tono, sus ganas, su ambición. Pero, ay, amigo, le sale un toro excelente, que no era cosa boba ni manjar ligero de aperitivo. Tejonero era su nombre. Y Talavante hizo de las suyas: florituras, cambios de mano, pases por la espalda, ahora de pie, ahora de rodillas. Pero faltó una lidia ordenada y dominadora. Y cuando esto no se hace, un toro con esa casta se come a Talavante o a Machaquito en horas bajas. En los toros es mejor no tener suerte que te toque el premio gordo. A Talavante le tocó ayer el Euromillones pero no se acercó a cobrarlo. 

Borja Jiménez. Borjita. Borja, como se oía en los tendidos. Le tocó otro premio de Santi. El inicio de su faena a Experto, lidiado en tercer lugar, fue de levantar de los asientos. Después la faena tuvo momentos gloriosos y otros más complicados. Pero es que Borja torea menos que Talavante y todo es disculpable. Se notó el nerviosismo, las ganas de aplicar en diez minutos sin dosificación toda una tauromaquia. Faltó algo de ritmo y algo de medida pero la plaza vibró y vio a un torero que va a dar grandes tardes si se acartela en lo de Santi, en lo de Victorino o en lo bueno. Pero para decidir eso ya tiene a Julián Guerra, que es un excelente y duro apoderado.

Ayer no bebí ni una copa. Nunca lo hago en los toros. Pero tenía salpicaduras de ginebra o de whisky. El afán de rentabilizar, de ganar dinero, ha convertido el tendido en una barra. Con una gente que no distinguiría a un torero de un subalterno ni a un Santi de una cabra montesa. 

Tres reflexiones finales.
a) ¿Por qué en tardes de no hay billetes están vacías algunas andanadas de sol? ¿Es un homenaje a los aficionados fallecidos?
b) ¿Por qué está siempre la misma gente en el callejón? Marquesas, periodistas de medio pelo, gente que no conocemos...
c) Ayer con una corrida en la que se vieron cosas, véase la foto, el festejo acabó a las 21.05. Hora prudente. ¿Por qué no todos los días?

David Ferrer, 31 de mayo de 2024. 

Las Ventas, 31 de mayo, algunas fotos del festejo.

Santiago Domecq, Uceda, Talavante, Jiménez
Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 18 de mayo de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Talavera de la Reina, Toledo,  toros de Alcurrucén, José María Manzanares, Juan Ortega, Tomás Rufo.

La carne del festejo

Plaza de toros La Caprichosa de Talavera de la Reina en tarde primaveral. Más de tres cuartos de entrada.
Toros de Alcurrucén, desigualmente presentados, cornibrochos, alguno sospechoso. Mansos y descastados. Se salvó el sexto.
José María Manzanares, saludos y palmas.
Juan Ortega, nuevo en esta plaza, saludos y división de opiniones.
Tomás Rufo, oreja y oreja con petición de la segunda. Salió a hombros.

Al finalizar el festejo, José María Manzanares presentaba parte médico impidiéndole torear el domingo 19 en Córdoba, por lo que será sustituido por Morante de la Puebla en dicha plaza. 


Algunas plazas de tercera tienen un halo mágico que las convierte en una suerte de templo. Como si visitaras un recóndito santuario milagroso en medio de un monte. Ocurre esto en plazas como Linares o Talavera. No sé yo si el público talaverano es consciente de la dimensión litúrgica de su plaza, coqueta y centenaria, pues al romper el paseíllo andaban más preocupados por las notas del himno de España que por el sentido trágico del minuto de silencio por Joselito el Gallo, fallecido en ese mismo coso en 1920. No ocurre así en Madrid, donde cada 16 de mayo, fecha del suceso, se guarda un misterioso y sentido minuto de homenaje. Hay además cosas que ofenden a la memoria de José Gómez Ortega, el gran revolucionario de la tauromaquia: en el paseíllo salió un tipo gordo con camiseta publicitaria a lomos de un caballo para hacer el despeje de plaza. ¿No hay alguacil? Era alguacililla y se ocultaba en el callejón. Las cosas hay que cuidarlas de principio hasta el fin. 

Acudir a Talavera es, por tanto, un acto sacro, una reivindicación justa de la memoria histórica, el recuerdo de un héroe, de una leyenda. Si los detalles no se cuidan en plazas como estas, apaga y vámonos. En las inmediaciones de la plaza unos carteles a color recordaban que la carne de lidia del festejo se vendía en una carnicería de la ciudad. Con indicación de los precios. Fue lo único que sacamos en claro del festejo: los carniceros se llevarán una buena ganancia una vez destajado este manjar que es la carne de toro de lidia y los clientes se meterán un buen solomillo de toro o prepararán un exquisito rabo de toro al estilo toledano o cordobés, como se prefiera. La mayor gloria de estos toros de Alcurrucén se jugará en una olla, en una plancha o en un plato. Fíjate.

Y es que la ganadería de los Lozano, encaste Núñez, tenía siempre ese matiz dificultoso del primer tercio y una boyantía caminadora en el último que la hacía apetecible para casi todo el escalafón. Sin embargo, ha fracasado en Sevilla, se ha hundido en Madrid y ahora en Talavera nos ha traído seis ejemplares que, como decimos, deleitarán a muchos comensales pero que a espectadores y toreros los ha dejado con la bravura en los labios. Feos, mal presentados de pitones, desiguales, mansos, con tendencia a pararse en la muleta. Como si dijeran, déjeme y lléveme ya al plato. 

Abría el cartel José María Manzanares. Hasta el año pasado esto era raro. Pero ya no le queda otra. Quitando a Morante, Ferrera, a Ponce y algún otro, ya está en el grado de la veteranía. Poco hizo en la lidia de su primero. Lo de estas últimas temporadas: un baile bonito aliviando al toro, de un lado hacia otro, con la izquierda o con la derecha. Encima un resbalón inoportuno dejó al torero dolorido y pasó por ello a la enfermería. En el cuarto de la tarde se vio a un Manzanares superado no solo por la falta de casta del toro (todo hay que decirlo) sino por el dolor y una preocupante falta de ideas. Con la espada no ha sido su mejor tarde.

Juan Ortega es el nombre del momento. No es el encaste Núñez el más propicio para un torero que tiene un capote de seda. Apenas vimos nada con el percal. Le correspondieron dos toros mortecinos: del primero sacó algún muletazo suelto. Con el quinto se le vio precavido y faltó algo de lidia a la antigua usanza: doblarse por bajo, machetear, humillar al toro con castigo y mandarlo donde debía: al carnicero. Como no lo hizo, Ortega pasó las de Caín para cuadrarlo y para meter la espada.  En fin, a Juan Ortega se le espera y tendrá mucha mejor suerte otras tardes. Esperemos que sea en Madrid.

Tomás Rufo es torero de la tierra. Lleva años en un sí y un no. Llegó a Talavera espoleado por una buena actuación en Las Ventas y se vio en todo momento su deseo de agradar al respetable. Mejor en la lidia del sexto, el único decente de la tarde, al que podría haber cortado dos orejas de no fallar reiteradamente con la espada. Toreó aquí bien por la derecha y dio unos naturales excelentes con la izquierda. Consciente de que la tarde había sido un tostón tomó el camino del arrojo, del arrimón y del desplante. Y el público que a esas alturas se conformaba con todo, estaba por darle el toro entero.  Hizo Rufo lo que tiene que hacer en plaza propicia pero también justo el presidente al otorgar solo las orejas que le corresponden al público. Al menos vimos algo.  En este momento los restos de esta infumable mansada de Alcurrucén están ya en poder de la carnicería. Por 12, 98 euros un rabo de toro, oiga. Lo disfrutarán particulares y restaurantes de la zona: se come muy bien en Talavera. Pero a mi y a los demás nos han hundido el festejo.

David Ferrer, 18 de mayo de 2024. 

Talavera, 18 de mayo, algunas fotos del festejo.

Corrida de Talavera, Manzanares, Ortega, Rufo
Corrida de toros / Estábamos a viernes, un 10 de mayo de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Las Ventas, Madrid,  toros de Alcurrucén, Morante de la Puebla, Diego Urdiales y García Pulido, que confirma alternativa.

Ni tan arrolladora ni tan artística.

Plaza de toros de Las Ventas de Madrid en tarde veraniega. Lleno de no hay billetes.
Toros de Alcurrucén, bien presentados, astifinos, mansos en general y descastados. Mejor primero y tercero.
Morante de la Puebla, pitos y bronca.
Diego Urdiales, petición y saludos; silencio.
García Pulido, que confirmaba la alternativa, petición y saludos; silencio en el sexto.


Se presentaba la tarde de este primer festejo de San Isidro como una de esas que iban a hacer historia. Arrolladora. Artística. El día del sí, el definitivo. Es lo que tiene anunciarse con Morante de la Puebla. El problema es que el toro sale como sale y Morante a veces está como está. Y el público es veleidoso: tan pronto se sube al tren en marcha de Morante como que le monta una gran bronca. Y otra parte del público, como venimos diciendo en las comparecencias últimas del sevillano, ni se entera ni ve nada más allá del hielo en proceso de descomposición del vaso de gintonic.

El ambiente era de gala. Lleno de no hay billetes. La corrida de Alcurrucén, un hierro que ha posibilitado grandes triunfos en esta plaza, una fina estampa. Y por mucho que se diga, Madrid es muy de Morante y lo espera. Se presagiaba, por tanto, una tarde arrolladora o, como se dice cursimente, que se abrieran los tarros de las esencias. Era un escaparate ver la entrada a la plaza: las americanas vistosas, el famoseo, las chicas guapas, la juventud exultante e insultante. En estas esperaba yo cuando una nube de fotógrafos me arrolla persiguiendo unas declaraciones de un tipo al que apodan "el chatarrero". Poco mérito es que no te pille el toro ni en un encierro pero que sufras una cornada de una legión de fotógrafos. Pues bien, este y aquel, y el de la americana vistosa, y la chica de las botas camperas y el quinceañero que estrena americana, tuvieron que ver lo mismo que vimos los demás. Tal vez vieron algo o se fueron diciendo "qué mal, Morante".

Anímicamente no parece  José Antonio Morante el de la temporada pasada. Desinhibido, frío y ausente como director de lidia. Tanto que tras una aparatosa caída del picador Aurelio Cruz en su primero no pareció que le mudara el semblante ni hizo gran cosa por despejar el embrollo. Y como los toros de Alcurrucén, encaste Núñez, son tradicionalmente fríos y abantos de salida, y cumplieron aquí su leyenda, el sevillano dijo que su capote mágico aparecería otro día previo pago. Por eso, el maestro de la Puebla no pudo ni quiso tampoco deleitar al respetable con ese capote excelso. Aún así, Morante a ratos se transmuta en la cara del toro: en el segundo de la tarde vimos unos naturales excelsos marca de la casa. De esos no arrolladores pero que justifican al menos un diez por ciento del precio de la entrada. La mala fortuna vino en la suerte suprema donde apreciamos a un Morante desencajado y sin entrega (hasta ocho pinchazos de mala manera y un descabello certero). El cuarto era un bello ejemplar colorado, del pelo característico de la casa Lozano. Había runrun por este toro, quizá recordando aquel otro Alcurrucén en Madrid al que Morante le dio una lidia para el recuerdo. No hubo tampoco pasajes bellos en el capote y, como suele últimamente, dejó que lo machacaran en el caballo. Luego vienen las quejas, claro. Morante sabía que era de cara o cruz y ya cogió directamente la espada de verdad. Pero llama al toro y le da dos trincherazos como para pegar un salto. Yo creo que el toro se asustó ante tanta contundencia arrolladora y artística y dijo: no más, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y, en efecto, nada más. El torazo se convirtió en una estatua de mármol. Hasta aquí el primer capítulo de Morante. ¿La bronca? Bueno, lo típico de los toreros artistas y geniales. Pero el próximo día vuelve la ilusión. Hay, no obstante, un público que no sabe nada, y que no ve nada, o no quiero verlo.

Fácil tenía la papeleta Diego Urdiales. Otro artista. De un palo más clásico. Y aprovechó lo que pudo su primer toro, el que fue detrás de los sartenazos matarifes de Morante. Fácil era la redención. Y hubo dos tandas ajustadas con la derecha, por bajo, de las que gustan en Madrid. Pero cambió a la izquierda y todo se descompuso y el riojano no supo ya encontrarle su sitio. De haber seguido en la línea inicial la faena hoy hablaríamos de otra cosa. Hubo petición casi unánime pero no quiso el presidente ser derrochón en una primera tarde. A Urdiales también se le espera.

Y para papelón el de García Pulido: confirmar alternativa en tal cartel y abriendo San Isidro parece una venganza de su apoderado. Encima le toca el mejor toro de la tarde, codicioso y humillador, con el que estuvo bien pero sin más. Algunas series más jaleadas y sentidas pero a medida que avanzaba la faena quedó claro que el toro era bueno y que requería más. Hizo bien el presidente en no conceder una oreja no secundada mayoritariamente. Se empieza dando una por una faena a medias y con los whiskies y gin tonics la gente quiere abrir después la puerta grande. Difícil situación la de este joven torero a partir de ahora. 

La primera de la feria fue, por tanto, un prólogo de lo que se nos avecina en tantas tardes sucesivas. Se vienen unos pocos carteles rematados y otros que parecen hechos por sorteo. Sigue en aumento un cierto desconocimiento de aspectos básicos de la lidia por parte de un público bebedor y vocinglero: la gente no calla ni comiendo pipas. A los cayetanos de las gradas y andanadas que gritan cosas extemporáneas, por muy verdaderas que sean en la intimidad del pensamiento, los mandaba yo una semana a cultivar arroz en la India. Y a los de la vulgar pancarta surgida en el siete, con improperio chabacano contra el ministro, habría que recordarles que se consigue más con la altivez, la elegancia y la fina ironía que con el trazo grueso. Fuera de la plaza. Y el consumo de alcohol debería estar prohibido dentro de este templo. No hace bien. Arrolla las neuronas y las desplaza.

David Ferrer, 10 de mayo de 2024. 

Las Ventas, 10 de mayo, algunas fotos del festejo.

La tarde de Morante, Urdiales, Pulido
Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 27 de abril de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Ávila,  toros de Monte La Ermita, Miguel Ángel Perera, Daniel Luque, Sergio Rodríguez. Un tercio de entrada. 

El toro de la bronca y una exitosa alternativa

Plaza de toros de Ávila
Toros de Monte La Ermita, bien presentados, nobles en general.
Miguel Ángel Perera, saludos, y oreja con dos vueltas al ruedo.
Daniel Luque, dos orejas y oreja.
Sergio Rodríguez, que tomaba la alternativa, dos orejas y oreja.

Programar toros en Ávila se antoja a veces tan complicado como hacerlo en Nebraska. Quién sabe, a lo mejor en el medio oeste americano el arte de la tauromaquia cuaja. Allí son muy raros. Y aquí no lo somos menos. Y es que en lo que respecta a la ciudad castellana, anunciar una corrida es darse tres veces seguidas con uno de los cubos de la muralla. A veces es por la empresa (son incontables las que han pasado por la ciudad, y de lo que doy cuenta en un reciente libro publicado por el Instituto Castellano Leonés de la Lengua, impulsado por Gonzalo Santonja, que hoy ocupaba un burladero). Digamos, no obstante, en este caso, que la empresa actual (Coso de la Misericordia) programó con esmero la alternativa de un torero de Las Navas del Marqués, que ha pasado con run run por Las Ventas, y contrató para su evento a dos de los triunfadores de Sevilla: Miguel Ángel Perera y Daniel Luque. Pues ni por esas. Hoy la principal invitada ha sido una climatología adversa que a buen seguro dejó a muchos aficionados en su casa. Así están las cosas por Ávila: o falla la empresa, o falla el público, o falla el tiempo o los presidentes, que siempre se llevan una bronca. 

El presidente de la plaza de Ávila tiene por ello una delicada papeleta. Son históricas las broncas a su antecesor. De manera que al caer el primer toro, el del toricantano, el de la tierra, no dudó en sacar un segundo pañuelo y conceder las dos orejas a Sergio Rodríguez, no fuera que la bronca se saliera de madre ya en el primer toro. Sergio Rodríguez estuvo correcto, dispuesto y entregado en ese toro y el exceso de trofeos en el toro de su alternativa es disculpable. Después vino lo de Perera en el cuarto. A esas alturas de la tarde ya llevábamos cuatro y no había pasado el ecuador, el público se había mojado de lo lindo un rato y el frío iba penetrando en los huesos. Hete aquí que el presidente se pone firme: y decide concederle a Miguel Ángel Perera solo una. Y bien está porque en ese toro el extremeño estuvo frío como un témpano y solo calentó a los tendidos en los habituales arrimones, cites por la espalda y circulares invertidos. Perera es frío como la tarde. No ha estado a gusto. Y no debió convencer mucho su labor al presidente, que, erre que erre, señaló varias veces con el dedo que una y no más, por Santa Teresa no doy más. La bronca fue de órdago. Forma parte de la idiosincrasia de la plaza. Perera en un gesto bastante feo no recogió el trofeo y se lanzó a una clamorosa doble vuelta al ruedo. No hay como hacerte revolucionario en una plaza. En el tendido alto el enfado del maestro Capea era evidente. 

Se esperaba con gran interés a Daniel Luque, un torero que está bien en cualquier tarde. Y no ha defraudado. Era hace años un torero frío, hasta antipático, pero ha aprendido a conectar con el público y hacer lo que mejor sabe: torear y mandarle al toro. Le tocó en suerte un jabonero de bella estampa que fue aplaudido de salida y ovacionado en el arrastre. Sabía Luque que el animal no era facilón y pidió educadamente a la banda que postergara el inicio de la música. Era cosa de hacer al toro, de enseñarlo y dominarlo. Una vez hecho, hubo tandas al natural bellísimas y otras de mucha exposición. Terminó con las famosas luquesinas, que ponen las plazas boca abajo. Muy buena estocada, una muerte de bravo y dos orejas, muy justas. En el quinto tardó en encontrarle la horma pero lo hizo. Las últimas series mostraron a un torero que sabe sacar partido a cualquier toro, por difícil que sea. Estocada y una oreja muy merecida. 

Vimos hace dos años a Sergio Rodríguez en una tarde más cálida en Ávila en el mes de octubre. Quién lo iba a decir. Para hoy debían haber traído unos toros de Bañuelos. Por el frío. O que vendieran chocolate caliente por los tendidos. La ganadería del Monte La Ermita ha aportado una corrida correctamente presentada para esta plaza y que ha dado buen juego, algo más dificultosos los de la segunda parte. Y no, no han sido fáciles y hasta ha costado banderillearlos. En aquella novillada triunfó también Sergio Rodríguez, elegante torero de Las Navas. Pero ha habido una gran evolución. Entretanto, como novillero se ha ido placeando en Sevilla, en Las Ventas y otros cosos. Y se ha notado. Torea tranquilo, sabe lo que hace y da la sensación de que no va a ser flor de un día. Muy bien en su primer toro donde apreciamos una mano izquierda que va a dar mucho juego, y voluntarioso y valiente en el cierraplaza. Deseamos a Sergio Rodríguez mucho éxito y muchos contratos, pues es en las plazas, las que sean, donde se aprende.

Nos ha fallado el frío, una vez más. Pero sobre todo sigue fallando el público. Esta es una ciudad glacial donde hay mucho aficionado de boquilla que luego no pasa por taquilla. Programar aquí una corrida en abril es ciertamente un riesgo. Pero no nos hemos aburrido. Tras la salida a hombros de Luque y de Rodríguez, el público esperó pacientemente para abrazar al nuevo torero. Y tenía mérito la espera: porque estábamos tiesos. Que los dioses nos libren de un catarro. 

David Ferrer, 27 de abril de 2024. 

Ávila, 27 de abril algunas fotos del festejo.

La alternativa de Sergio Rodríguez
Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 6 de abril de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Brihuega, Guadalajara, toros de Hermanos Matilla, Morante de la Puebla, José María Manzanares y Andrés Roca Rey. Lleno. 

El placer de Roca Rey, la callada música de Morante

Plaza de toros de La Muralla, Brihuega
Toros de Hermanos Matilla, chicos, justos de presencia, en general nobles.
Morante de la Puebla, oreja y saludos.
José María Manzanares, oreja y saludos.
Andrés Roca Rey, dos orejas y silencio.

Algo bueno tiene que tener Roca Rey. Digo yo. Los demás toreros quieren anunciarse con él, las plazas se llenan y por los tendidos de sombra predomina el famoseo. Esa gente que se supone que es famosa, de la cual la gente cercana en el tendido sabe hasta los apellidos y la fecha de nacimiento pero tú, pobre incauto, no sabes ni su nombre. Ese es el público de Roca Rey. Que toreros como Morante de la Puebla (o pongamos Juan Ortega) quieran anunciarse con el torero peruano se debe exclusivamente a la necesidad de ver una plaza llena. Lo cual en sí es un triunfo, lo cual es mérito de Roca, lo cual hay que aplaudir.

Brihuega estaba ayer de bote en bote. No hacen falta toros para disfrutar de sus calles, su castillo, las murallas, su iglesia y de sus campos. Pero a Brihuega le vienen muy bien además los toros. La carretera de acceso era ya desde la mañana una hilera de coches buscando aparcamiento y en las calles se concentraba un gentío animoso con ganas de comer bien y disfrutar de una buena tarde. 

De la corrida en sí no esperábamos mucho. Sabemos que el público de Morante no acudió a la cita y que el público de Roca va a disfrutar de forma placentera con su torero. Es tal el espejismo que salió Manzanares a recibir a su toro y el público lo confundió con Roca. Así estaban las cosas. La corrida empezó con casi veinte minutos de retraso. Una buena parte del público se había demorado en los postres, la sobremesa y los gintonics y acudieron con el tiempo justo a la plaza. Total, el primero que toreaba era Morante.  Pero no, no se pueden romper los cánones ni las normas: la corrida de toros es un acto litúrgico que empieza a la hora exacta en los carteles. El presidente, por otra parte, parecía igualmente despistado. Cuando Morante cogió su montera decimonónica por la mitad para pedir permiso al usía, este andaba hablando de la comida, o de la presencia de una tal Carmen Lomana o del juez Pedraz del caso Telegram. Morante aguantó estoico dos minutos para que el presidente devolviera el saludo.

¿Y los toros? Ya la Casa Matilla hizo un trueque extraño en Sevilla la semana pasada. Álvaro Acevedo lo ha cantado muy bien en verso en su web Cuadernos de Tauromaquia. Así que en Brihuega, plaza de tercera, no iban a ser menos. Anovillados, adolescentes, con alma cándida los seis toritos. 

Morante sabía que no era su público. Algunos irredentos morantistas se camuflaban entre los apasionados de Roca. No obstante, se vio al diestro sevillano con muchas ganas de agradar. Lo intentó por los dos pitones y logró un par de tandas estupendas de naturales. Una buena estocada y una oreja. Su segundo fue más incierto. No se ajustó con el capote, fue desigual su juego en el caballo y parecía que no iba a ocurrir nada. Y hete aquí que Morante le da unos pases por alto al estilo Gallito y le enjareta un par de tandas con cambios de mano y molinetes incluidos de lo mejor que se vio en la tarde. Se vio pero no se apreció. A esas alturas el público estaba a otra cosa y no lo tomaron en cuenta. Llega a hacerlo en Sevilla, Madrid o Salamanca y se cae la plaza. Tras una estocada, el presidente se quedó compuesto pañuelo en mano: más de la mitad de la plaza no entendió nada y no pidió nada. Porque nada comprendió o nada vio o no supo qué era aquello. En fin, yo creo que Morante ya debe de estar acostumbrado a interpretar la música callada del torero y que el público dé la callada por respuesta.

Manzanares pasa por las plazas con su habitual elegancia. Vestía un terno plomo y azabache que le quedaba como un guante. Torea con estilo, con su habitual limpieza y con esa habilidad para echarse el toro un poco hacia adelante y que no le pese, no le moleste. El resultado suele ser desigual, a veces emociona, a veces deja frío pero a la siguiente tanda compone de nuevo la figura, anima al toro con la voz y aquello parece un ballet elegantísimo. El público de Roca Rey es más de Manzanares que de Morante y así se notó. Cortó una oreja en su primero y podría haber cortado dos en el siguiente de no ser por un vergonzante metisaca que, desde luego, no es marca de la casa. 

Y Roca. No hay por donde describirlo. Le vale cualquier toro (veremos los Victorinos de Sevilla). Sabe cuál es su mercadotecnia, sabe las cosas que le gustan al público y que van a darle lo que sea si él se entrega. Y lo hace. No tiene límites: de rodillas, los pases cambiados por la espalda, las cercanías, los molinetes, los desplantes. Sin duda es un torero necesario, sin duda es ahora mismo un salvavidas muchas tardes. Roca vio que su primero era un torito noble, con buen recorrido y sin malicia. Se hincó de rodillas y toreó a partir de ahí a placer. El suyo y el de los suyos. Al fin y al cabo la tarde de Brihuega estaba planteada a su favor. 

Quedó en la tarde un ambiente de calima. Y un aire de via crucis a la salida cuando el público fue desandando el camino varios kilómetros para encontrar su coche. Así son estas tardes. Se ven cosas, otras no se ven y otras no quieren verse.

David Ferrer, 7 de abril de 2024. 

Brihuega, 6 de abril algunas fotos del festejo.

Tarde de toros en la bella Brihuega
Corrida de toros / Estábamos a domingo, un 24 de marzo de 2024 / Y comparecían en la plaza de toros de Las Ventas, Madrid, toros de Cuadri, Antonio Ferrera, Octavio Chacón y Gómez del Pilar. Más de media plaza. 

Ferrera, Cuadri y el dial del destino.

Plaza de toros de Las Ventas, más de media entrada larga.
Toros de Cuadri, grandes, bien presentados.
Antonio Ferrera, silencio y oreja.
Octavio Chacón, silencio y pitos.
Gómez del Pilar, silencio y palmas.

En la última película de la saga, el bueno de Indiana Jones se topa con el dial del destino, un artilugio circular que le permite viajar atrás en el tiempo. Una joya, vamos, para los arqueólogos y que, por supuesto, sería grandioso para los aficionados si pudiéramos retroceder a las gestas de Chicuelo, de Granero, de Belmonte, de Bienvenida, de Ortega... Quizá alguien me reproche que empiece la crónica hablando de un sueño, de una entelequia, pero ese era el ambiente que se respiraba ayer en la plaza: el deseo de ver algo pretérito, una fiereza de antaño. 

El dial del destino, por tanto, transmutó ayer Las Ventas. El domingo de Ramos es ahora una fecha menor en el calendario taurino. Hay vacaciones, la gente se va a la playa, a Sevilla o a Cancún. Sin embargo, la explanada venteña lucía ayer rebosante. Hoy en día una corrida de Cuadri o de ganaderías por el estilo se deja para los solitarios domingos de agosto. Y ayer, sea por ensueño, sea por reivindicación, comparecieron casi quince mil personas. El dial del destino transmutó la tarde. La gestión de Plaza 1 (criticada cada tarde desde el tendido 7 al comienzo del festejo) tiene sus aciertos y sus errores garrafales. Entre los primeros, y a la vista del éxito, cabría situar la propia programación atemporal y fuera de feria de este festejo: fue todo un éxito. Había público, había expectación, había ganas, había sueños. Pero sobre las mismas cenizas de ese éxito deben reflexionar tanto la empresa gestora como la gabardina del señor Abellán, que lucía algo arrugada en el callejón: como si moviéramos el dial del destino, como si giráramos un transportador de ángulos o un compás, los tendidos se movieron en un juego mágico: en el tendido 8 había aficionados del 1, en el 6 aficionados del 9, en el 5 aficionados del 2 y sucesivamente. Solo los del 7 permanecieron en su sitio. ¿Y el resultado? Los tendidos de sol y sombra y de sol estaban hasta arriba y los de sombra, normalmente los más codiciados, mostraban cemento. ¿La razón? Evidente. Y ya lo demostramos. Hace dos años fuimos al tendido 1 a ver a Morante por 50 euros. Ayer para ver esta terna más modesta había que pagar en ese lugar casi 90. Y todos nos movimos. La plaza tuvo mucha gente: pero se movió hacia tendidos más baratos. Háganselo mirar, señores de Plaza 1. 

Lo demás fue un sueño. A la fiereza y bravuras soñadas de este hierro legendario de Cuadri correspondieron seis animales bien presentados (uno de casi 700 kilos) que poco a poco se desfondaron y se movieron entre la aspereza, la falta de casta, la pérdida de brío en el último tercio y la flojera (como el sexto, que fue devuelto). La terna hizo un esfuerzo y el público fue piadoso. Octavio Chacón ha ido perdiendo el sitio. Era un torero aguerrido y con buenas notas artísticas pero entre salidas de ferias y cambios de apoderados, se le ve algo perdido. Gómez del Pilar siempre lo intenta aunque en la práctica sus exámenes no salgan limpios. Tuvo el lote más áspero, como el precioso sobrero de Saltillo (otro nombre legendario) y poco pudo hacer. 

La tarde fue para Antonio Ferrera. Es un torero excesivo muchas tardes pero ayer estuvo profesional, atento, dispuesto y con la idea de no ganarse la partida. Desde el principio sabía lo que había y jugó a favor del toro: intentó poner largos a los toros en el tercio de varas, actuó de manera sobresaliente como director de lidia y en el sexto realizó un quite milagroso a un banderillero.  Su primer toro apuntaba más pero se vino abajo. Una desafortunada actuación con el descabello enfrió además su actuación profesional. Llegó en el cuarto una apisonadora llamada Vagonero de 670 kilos. El toro era algo áspero con tendencia a la mansedumbre. Pero de repente surgió un natural y luego otro. Ferrera lució su muleta liviana, desmayada y los tendidos de sol rugieron por momentos. Sacó lo que nadie esperaba. Tras una excelente estocada (mérito tiene Ferrera, de baja estatura, ante tal mole) recogió una oreja. 

Ha pasado Ferrera dos temporadas algo desabridas. En parte, su independencia (no tiene en España apoderado). En parte, la injusticia de los despachos. En México es un ídolo, y hace pocas semanas ha salido a hombros de la México. Aquí los empresarios se olvidan de un torero de grandes recursos, desde la lidia hasta el toreo artístico, que lleva más de cuarenta cornadas y que en las temporadas 2016-2019 abría los mejores carteles de las ferias. Para los empresarios el dial del destino es girar la rueda y olvidarse. Pero ayer el público de Las Ventas demostró que la constancia y el buen hacer no se olvida. Esperemos que los Zúñiga, Casas, Nautalias, Garzón, Maximinos, Matillas, Choperas y compañía se acuerden de esto: hace falta un torero distinto como Ferrera en los carteles. Ayer, en el recibo del cuarto, hasta quedó bonito el estridente capote azul. Bienvenido seas, Antonio Ferrera.

David Ferrer, 25 de marzo de 2024. 

Las Ventas, 24 de marzo, algunas fotos del festejo.

La tarde de los Cuadri
Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 10 de febrero de 2024 / Y comparecían en la plaza de Valdemorillo, La Candelaria, toros de Núñez del Cuvillo, Alejandro Talavante, Juan Ortega, Ginés Marín. Lleno de no hay billetes. Tiempo invernal fuera de la plaza cubierta.
No se equivocó la paloma.

Plaza de toros de Valdemorillo, Lleno de no hay billetes.
Toros de Núñez del Cuvillo, pequeños, de trapío muy justo, venidos a menos, salvo el quinto.
Alejandro Talavante, nuevo en esta plaza, palmas y silencio.
Juan Ortega, fuerte petición y saludos desde la raya; dos orejas.
Ginés Marín, aplausos y aplausos.

La corrida de Valdemorillo, la primera del año en España, al margen de algunos festejos menores, sirve para tomar el pulso del aficionado: cuáles van a ser sus querencias, quiénes van a ser los elegidos. Es cierto que el público es voluble pero de momento así está la cosa: se colgó el cartel de "No hay billetes", la expectación era máxima y los restaurantes alrededor de Valdemorillo se poblaron de aficionados. ¿El cartel? ¿Los toros? No: solo había un culpable: Juan Ortega.

La corrida, por tanto, tuvo una sensación de catarsis, de confesión, de rueda de prensa. El gremio de los "orteguistas", cuidado y escaso en aquellas primeras presentaciones veraniegas del torero sevillano en Madrid, ha ido creciendo hasta alcanzar el grado actual: es un torero de culto, al que se le espera, se quiere y se mima. Por otra parte, la corrida de Valdemorillo era la primera comparecencia en España del diestro tras su boda fallida. Había, eso es cierto, algunos paparazzi y cámaras de las otras televisiones, las de morbo. Pero al final, y es lo que importa, el público salió hablando de toros.
 
La plaza de Valdemorillo es amplia y cómoda: casi cinco mil localidades en un pueblo pequeño. Se agradece la cubierta pues con un día como ayer de frío y ventisca ni Juan Ortega ni Belmonte reaparecido hubieran concitado a los aficionados. Tiene arquitectónicamente unos juegos de luz muy interesantes, lo que agradecen los aficionados a la fotografía artística. Cuando entramos en la plaza, tres palomas clandestinas transitaban por el ruedo. Y allí se quedaron durante toda la lidia. Tres palomas que no se equivocaron, tres palomas que dijeron: lo de hoy yo no me lo pierdo. 

Difícil estaba la tarde para Talavante y para Ginés Marín. Cuando el público viene por un torero concreto, ya puedes coger la garrocha o realizar el don Tancredo que el público está a otra cosa. Talavante es un torero de carácter cambiante y no parece que esté en su momento más anímico. Su lote fue chico, flojo y sin emoción y allí estuvo el torero extremeño intentando enderezar la cosa. Ginés Marín estuvo más voluntarioso, sobre todo en el sexto, pero a esas alturas ya costaba mucho prestar atención. El aficionado vive a la vez el presente pero se queda obnubilado con el pasado inmediata. 

Y Juan Ortega. Su temporada 2023 fue en ascenso, con algunos hitos como los lances capoteros en la tarde del rabo de Morante o las incontestables faenas de Valladolid. Había ganas de ver, había ganas de jalear y hasta las tres palomas se disponían en círculo para ver lo que venía. En su primer toro, otro flojo torito de Núñez, hubo más voluntad que realización: se mascaban las ganas por ver torear con el capote, se quería ver lo imposible con la muleta y quedaron simplemente detalles excelsos de torería, de saber andarle al toro, de realizar cuidados remates. La estocada defectuosa privó de un premio que hubiera sido algo generoso. No así en el quinto toro: sacó algo más de genio y de fondo y, tras un bellísimo arranque desde las tablas, llevándose a dos manos por alto al toro, culminó con dos pases por bajo que han quedado en la plaza de Valdemorillo para siempre. A partir de ahí costó encontrarle la tecla al toro pero, una vez dispuesta la conexión, el toreo de Juan Ortega surgió limpio, cadencioso, despacioso. Hubo naturales bellísimos, pases de trincheras, molinetes y cambios de manos. La faena fue a más y en las dos últimas series el público saltó como un resorte de los asientos. Hay una manera en Juan Ortega de templar por bajo, de rematar las series que provoca un chispazo desde las pantorrillas hasta el alma. Y el que no lo vea, o no tiene ojos, o no tiene alma, o estaba allí de prestado. La estocada esta vez fue certeza y se desató la apoteosis. La vuelta al ruedo con las dos orejas fue lenta y clamorosa, casi como las de Morante, de quien ha aprendido buenos gestos. 

Salimos en la noche fría de Valdemorillo. Nadie se acuerda ya de la fallida boda. Los niños salían toreando, los jóvenes iban pensando en la próxima y los más mayores agradecen al cielo haber conocido a un torero como este. Cuando Juan Ortega salió por la puerta grande y se despejaron los tendidos, las tres palomas seguían en el ruedo. No se habían equivocado. La tarde era desapacible y allí encontraron calor. Creo que alguna con el ala imitaba un trincherazo imposible.

David Ferrer, 10 de febrero de 2024. 

VALDEMORILLO, 10 DE FEBRERO DE 2024

Algunas imágenes del festejo