POR OTRAS PLAZAS.

No pretenden ser unas crónicas al uso, solo dejar en el recuerdo algo de la despaciosidad que pudo verse o no en algunos de los festejos.

Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 16 de septiembre de 2023 / Y comparecían en la plaza de Salamanca, La Glorieta, toros de García Jiménez, Sebastián Castella, José María Manzanares y Tomás Rufo, que sustituía a Morante. Tres cuartos escasos.
Entre chorizo y caramelo.

Plaza de toros de Salamanca, tres cuartos escasos o media entrada larga.
Toros de García Jiménez, pequeños, nobles y muy flojos, excepto el cuarto de la tarde, Caramelo, al que se dio la vuelta en el arrastre.
Sebastián Castella, ovación y saludos y dos orejas y vuelta al ruedo.
José María Manzanares, oreja y silencio con algunos pitos.
Tomás Rufo, que sustituía a Morante de la Puebla, ovación y ovación.

A las seis en punto de la tarde, cuando pisaron el ruedo los caballos de los alguacilillos se hizo presente una lluvia fina que devino en chaparrón al finalizar el paseíllo. Por suerte, solo molestó en ese primer toro, con las consiguientes incomodidades que esto acarrea en una plaza tan bella como La Glorieta de Salamanca, pero tan incómoda, como suelen ser los cosos decimonónicos. Y es que estaba abriéndose el francés Sebastián Castella con el capote mientras en los tendidos se desplegaba el paisaje multicolor de plásticos, paraguas y bolsas de El Corte Inglés. No sabemos qué sería de España sin una bolsa de El Corte Inglés. Había que tener cuidado con que el vecino no te metiera la varilla del paraguas en el ojo o que en medio de las labores de refugio no tiraras el gin tonic al de al lado. 

No se aplaudió de presentación a ninguno de los toros. En las ferias anteriores sí ocurrió esto en las corridas de Galache, otra estampa antigua, otro encaste, ganadería rescatada por Morante. Pues bien, en este día lluvioso ni Morante ni Galache comparecieron. Los negocios de la trastienda hicieron que el 80% del festejo quedara en propiedad de la casa Matilla. A saber: son los propietarios de esta ganadería salmantina de nombre tan poco taurino (García Jiménez y Olga Jiménez), son los apoderados incombustibles de José María Manzanares y también lo son en esta temporada del francés Sebastián Castella, que está en venturosa reaparición en este año. Así las cosas, y como en el patio de su casa, en su Salamanca, mandaron seis toritos que se apagaban pronto, con la excepción de uno, de nombre Caramelo, lidiado en cuarto lugar por Castella y que salvó la honra del mayoral y del ganadero y que verdaderamente hizo honor a su nombre: todo un caramelo.

Ese pequeño milagro, sin tirar cohetes, ocurrió en el cuarto. Antes de eso poca cosa. Castella se esforzó en faena larga y tediosa en el primero. Rufo tampoco puedo nada con otro toro de escasa fuerza. El de Manzanares fue un toro noble con andamios al que el alicantino le dio pases elegantes por aquí y por allá. Si decíamos que Castella está de reaparición afortunada, José María Manzanares anda como un bailarín en sesión de tarde. Su figura sigue siendo apuesta, los ternos que escoge son los más bellos, sus andares son de una parsimonia que ya quisieran en la Mercedes Fashion Week. Pero Manzanares pasa al toro a distancia de un lado hacia el otro; lo prueba con la derecha, le da voces, lo prueba con la izquierda, pasa el toro como un corderillo por aquí y por allá y le pregunta: ¿Maestro, empezamos o acabamos? Manzanares no se da coba, confiado en que sus seguros espadazos le valen toda una faena. Y así fue: una oreja de regalo porque anda bien y porque es muy guapo.

En Salamanca no hay una gran tradición de merienda como en Alicante, Almería o Albacete. Pero está muy cerca Guijuelo, con los manjares del cerdo, y las tahonas salmantinas son afamadas por las empanadas y hornazos. Transcurría la tarde veloz sin nada interesante cuando mis compañeros de barrera cortaron unas rebanadas de pan de pueblo y un chorizo de matanza que quitaba el hipo. Yo no sé si recordarán algo del festejo pero la merienda que se metieron se recuerda con envidia por el tendido. ¡Cuántas cosas se pierden los veganos y animalistas! Pero en ese momento del chorizo se pasó al caramelo. Así se llamaba: Caramelo. Mostró pronto una humillación y un tranco nobilísimo. Lo supo bien Castella con un quite sabroso, como chorizo de Guijuelo, en el que alternó verónicas, tafalleras, chicuelinas y una media que aún se recuerda. El toro embestía como para una gran faena. Creo, sin embargo, que el torero francés se equivocó en la sobreexplotación de los recursos: los pases cambiados y otras suertes pues el animal era más propicio para el toreo fundamental, templado y largo. Pero a Castella a veces le pueden las ganas, el ansia por el triunfo. No obstante, el público disfrutó de lo lindo. Tras la estocada algo trasera cayeron las dos orejas. Y el presidente le concedió a este Caramelo de Olga Jiménez una aplaudida vuelta al ruedo.

Se esfumaron las esencias del chorizo y del caramelo.  Manzanares tenía ganas de irse. Al toro quinto le hizo una labor de limpieza elegante por aquí y por allí y de repente montó la espada y se lo cargó de un bajonazo infumable. Ciertos sectores del público le afearon la tarde con pitidos, también elegantes. Como es guapo y cae bien, tampoco fue para tanto. Y Tomás Rufo, que vino por Morante, estuvo también algo espeso con su lote: comenzó de rodillas la faena al sexto, intentó agradar al tendido con su excelente colocación pero todo en terminó en nada por una mala ejecución de la suerte suprema. Que hacía guardia: es decir, que se veía por un lado.

Finalmente la lluvia respetó el festejo. La corrida no se hizo larga pero quedó la sensación de que Caramelo era mejor toro. Pero el chorizo, por favor, ese chorizo de mitad del festejo, díganme dónde lo venden.

David Ferrer, 16 de septiembre de 2023. 

SALAMANCA, 16 DE SEPTIEMBRE

Algunas imágenes del festejo
Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 9 de septiembre de 2023 / Y comparecían en la plaza de Valladolid toros de Núñez del Cuvillo, Diego Urdiales, Juan Ortega y Pablo Aguado. Media entrada.
¿Cómo era, Juan Ortega, cómo era?

Plaza de toros de Valladolid, algo más de media entrada en tarde calurosa.
Toros de Núñez del Cuvillo, desiguales en la presentación, en general nobles y blandos, excepto el lote de Urdiales, desrazados y sin fuerza.
Diego Urdiales, que sustituía a Morante de la Puebla, ovación y ovación.
Juan Ortega, nuevo en esta plaza, dos orejas y dos orejas.
Pablo Aguado, ovación y ovación

¿Cómo era, Dios mío, cómo era? se preguntaba Juan Ramón Jiménez en un arrebato místico. ¿Cómo ha toreado Juan Ortega hoy? ¿Cómo ha sido? La casi media plaza que se apreciaba vacía se habrá lamentado de no haber acudido hoy al coso del paseo de Zorrilla. Unos porque no toreaba Morante; otros porque no se fían de los toreros de arte; y algunos porque no sabían quien era el tal Ortega, que debutaba en Valladolid. Así que a los ausentes que les den, que se les atragante la siesta o la borrachera de las casetas, porque la otra media plaza que sí se cubrió ha visto dos de las faenas del año. De las que van a perdurar en el recuerdo, de las que se hablará siempre. De esas en las que los ausentes mienten: yo vi a Juan Ortega.

¿Cómo es Juan Ortega? Es ese torero al que algunos llevamos siguiendo, no sin desgaste ni fatiga desde hace unos años: en mi caso desde una tarde tórrida y solitaria en un agosto de Las Ventas. Pero es que ¿cómo es, Dios mío, Juan Ortega?  Miren: hoy se presentaba en Valladolid, que es ciudad cervantina, como lo es también Sevilla, y se ha comparecido con un exquisito terno verde y plata. A Juan Ortega se le espera, siempre se le espera pero esta temporada está ya siendo distinta, en tanto que a veces surge el misterio: ya ocurrió en aquella mágica tarde del invierno de Valdemorillo; también, aunque sin premios, en la tarde del rabo de Morante y en los últimos festejos en los que se ha anunciado en este final de temporada. No sé si la ausencia de Morante de la Puebla ha creado hoy en él una aureola mística pero los que lo hemos visto, damos cuenta del milagro.  Y los demás que lo imaginen

Su primer toro, con poca fuerza como la mayoría del festejo, no le dejó estar a gusto totalmente con los recibos capoteros. Pero algo vio el diestro de Triana en este animal que le permitió crear una faena de menos a más, donde los remates fueron sublimes y la faena se acompasó de forma mágica al pasodoble Nerva que interpretó la banda de Valladolid con la ayuda en los solos del maestro Soro. Sí, el mismo. El cierre de faena fue de una belleza inenarrable. Una estocada certera y las dos orejas sin protesta. ¿Pero cómo fue lo del quinto de la tarde? Dios mío, ¿cómo era? Miren, se lo cuento brevemente por si se lo han perdido: flexionó el torero la pierna derecha, citó con tal gallardía al toro, cambiando la muleta a la izquierda y acabando con un trincherazo tan lento que aún se siente en la plaza... ¿Cómo era aquello? Se pusieron de pie los tendidos. Saltaron los areneros, la torería andante del callejón, se conmovieron los picadores y yo creo que perdió los trastos hasta el mozo de espadas. Pocas veces he visto una plaza tan conmocionada por un inicio de faena. Costó meter al toro después en la muleta, pero, ojo, lo que vimos. La despaciosidad en su estado más puro. La belleza. ¿Cómo era, Dios mío, la belleza? Ha sido lo de esta tarde. Mató de nuevo bien y a nadie le amargaron las dos orejas.

Urdiales sustituía con todo merecimiento a Morante de la Puebla. Lo intentó en sus dos toros de todas las maneras: mostrando su profesionalidad, su momento técnico y sus ganas de triunfar. Pero es que no había de donde sacar. Y Pablo Aguado trazó dos faenas muy toreras, dentro de su concepto algo más vertical que el de Ortega, pero igualmente elegante. De no fallar con la espada en su primer toro, también se habría llevado algo.

¿Cómo ha sido lo de esta tarde, Juan Ortega? Le he tenido que robar a Juan Ramón Jiménez un verso para contarlo. ¿Cómo era, Dios mío, cómo era? Yo sé que lo vi y que fue tan prodigioso que me ha costado contarlo.

David Ferrer, 9 de septiembre de 2023. 

Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 19 de agosto de 2023 / Y comparecían en la plaza de El Espinar toros de Adolfo Martín y Pedraza de Yeltes, Antonio Ferrera, El Cid y Manuel Escribano. Media entrada.
El Cid, del destierro a Castilla.

Plaza de toros de El Espinar, algo más de media entrada en tarde sin viento.
Tres toros de Adolfo Martín, nobles y bien presentados, y tres desiguales de Pedraza de Yeltes, también de buena presentación.
Antonio Ferrera, ovación tras petición y silencio.
Manuel Jesús el Cid, ovación y dos orejas.
Manuel Escribano, ovación y ovación.

En un año incierto de regreso en el que Manuel Jesús El Cid apenas se ha prodigado en las plazas (una meritoria comparecencia en su Sevilla no sirvió para gran cosa en los despachos), tuvo que ser en la localidad segoviana de El Espinar donde ha pedido mando y sitio, un puesto en las grandes ferias y la constatación de que sus pases de pecho y su mano izquierda siguen en su esplendor. Como el héroe épico, tirando de tópicos, El Cid vuelve a Castilla para reclamar justicia. La corrida de El Espinar tenía su aliciente al confrontar en un mal llamado “desafío ganadero” dos hierros de casta como son los cárdenos de Adolfo Martín y los salmantinos de Pedraza de Yentes. A la comparecencia de El Cid, se sumaba Manuel Escribano, en esta su gran temporada, y Antonio Ferrera, quien no cuenta tampoco con el fervor de los grandes despachos. Y aunque apenas se superó la media plaza, se vio a mucho aficionado de Madrid, incluyendo algunos rostros conocidos del Tendido 7, para ver a tres diestros de consolidado prestigio con estas dos ganaderías.

No puede hablarse de un hierro ganador. Quizá los Adolfos ganaron en recorrido a excepción del sexto, muy mermado físicamente tras un largo y vistoso tercio de banderillas de Manuel Escribano, que a punto estuvo de terminar en tragedia. Esta porfía quizá acabó con las fuerzas de un animal de aparatosos pitones que prometía mucho más. En el tercero de la tarde, de Pedraza de Yeltes, poco pudo hacer Escribano aunque demostró su capacidad en banderillas. Dos ovaciones para el torero de Gerena,

Otro desterrado, Antonio Ferrera, anda algo regañado con los despachos, consigo mismo, con los capotes de colores y con parte del público. Ferrera es un soldado de mil batallas pero a los genios a veces no se los entiende y su temporada está siendo una montaña rusa de triunfos en plazas secundarias y silencios en las principales. Sin embargo, toreó de una forma cabal, precisa y alejada de estridencias al primero de la tarde, un Adolfo noble que fue aplaudido tanto de salida como en el arrastre. Muy buena serie con la mano izquierda y otra, excelente, con la derecha tirando la ayuda. La estocada algo caída le pesó al presidente que obvió la mayoritaria petición de oreja. Cuánto habría cambiado el sino de la tarde y del guerrero su concesión. Y es que los héroes de los cantares épicos se descolocan a la mínima. A veces es un viento, a veces una palabra, a veces una nota desafinada. Tardó Ferrera en centrarse en el cuarto, de Pedraza, y ante algunos gritos algo intempestivos y desaforados de algún aficionado, se encaró como a veces solía hacer el bueno de José Miguel Arroyo Joselito. No gustó esta bravata a parte del público y se vio a Ferrera algo desmadejado, intentando hacer mientras se guardaba la rabia. La estocada caída tampoco ayudó en exceso.

Pero el Cid era el de los cantares épicos, el que volvía del destierro a reivindicar en Castilla su condición de héroe. Y a fe que lo necesita si quiere permanecer en la próxima temporada, porque esta se encuentra ya casi acabada en cuestión de contratos. Parecía algo justo de fuerza el Pedraza, segundo de su lote, pero Manuel encontró su punto justo con algunas tandas bellísimas y algunos pases de pecho de los de siempre, de los que se recuerdan. Una media estocada y cuatro imposibles descabellos amargaron la faena. La suerte del héroe tendría que salir de cara en el quinto, un precioso Adolfo con el que se entendió a la perfección: hubo naturales largos y bellísimos que compensaron las anteriores amarguras de la tarde y de una temporada en el dique seco y a la espera. La media estocada algo perpendicular hizo rápido efecto y cayeron las dos orejas. El Cid vuelve del destierro.

¿Los desafíos ganaderos? Bueno, son experimentos. Sirven quizá para que los ganaderos presenten lo mejor que tienen y, en efecto, en El Espinar la presentación ha sido superior a la de una plaza de tercera. Y por encima de todo, se ha visto a tres toreros a los que los despachos ningunean, y a un Cid solvente y despacioso que apetece ver en otras muchas plazas.

David Ferrer, 19 de agosto de 2023. 

EL ESPINAR, 19 DE AGOSTO ©David Ferrer
EL ESPINAR, 19 DE AGOSTO ©David Ferrer
EL ESPINAR, 19 DE AGOSTO ©David Ferrer
EL ESPINAR, 19 DE AGOSTO ©David Ferrer
EL ESPINAR, 19 DE AGOSTO ©David Ferrer
Corrida de toros / Estábamos a sábado, un 17 de junio de 2023 / Y comparecían en la plaza de Ávila toros de Ave María, Antonio Ferrera, El Fandi y Esaú Fernández. Y la nada.
Nemo. Torear contra el cemento.

En el magistral relato El Licenciado Vidriera, el desconcertante y erudito estudiante dice que habla con Nemo, es decir, con Nadie. Ayer en la Plaza de toros de Ávila los diestros torearon para nadie. Nadie en el sol y algunos pocos en la sombra. Y es que el toreo es así de difícil. A veces los matadores tienen al público en contra, a veces a los presidentes, a veces al viento. Pero tener al cemento, al vacío desolador, a las gradas desiertas como enemigo debe de ser como tomar valeriana para levantar el ánimo. La plaza de toros de Ávila, con casi 8000 localidades, es de las más duras en la atracción de los públicos y necesita una mejor gestión, mejores incentivos. La tarde de hoy se pronosticaba ya por la elección de fecha, por el cartel y por tantas cosas un triunfo del cemento, como así ha sido. Por no ir no fueron ni los políticos y hasta sobraron sitios en los burladeros, esos gratuitos que están atestados en las plazas de postín. A Ávila no quiere venir Nemo. A Ávila no quiere venir nadie. ¿Hará algo el Ayuntamiento? ¿Buscará una empresa solvente que haga bien las cosas?

(Dos ejemplos: en las inmediaciones de la plaza ni un cartel del festejo. Un cartelucho a mano indicaba la ubicación de las taquillas. Lo de los bares de las plazas, mejor que no lo vea una inspección de Sanidad. Y los precios de las entradas eran asequibles, todo hay que decirlo).

Al romper el paseíllo se guardó un minuto de silencio. Iván Fandiño, por supuesto. La mayor parte del escaso público ni se enteró y permaneció sentado en un irrespetuoso e incómodo no sé qué hacer. En seguida apareció un paisano rifando un jamón: se me agotan las papeletas. Pero nunca se agotaban y ya el hombre optó por entregar el doble de números a cada comprador. Supongo que el jamón le salió caro. Cuando ya parecía que todo empezaba, se dio orden de abrir la boca de riego. Ni en esto Ávila tiene seña de identidad. En Sevilla hay un arenero que se la juega corriendo detrás de las mulillas; en Valladolid se pinta la raya como en una carrera por tramos y en El Puerto las mulillas galopan a golpe de látigo. Como en Ávila ya no hay costumbre de toros, todo se improvisa. Unos años sale el camión del riego, en otros una manga y ayer se soltó el chorro, que prolongó el comienzo del festejo por quince minutos, hasta que Ferrera dijo que ya bastaba de espectáculo. Al del jamón le dio tiempo a pasar quince veces entre los paisanos vendiendo nuevos boletos para el sorteo del jamón. Las papeletas nunca se agotaban. Normal, si no había nadie.

¿Y cómo se torea para nadie? Será bonito hacerlo en un tentadero, en una plaza privada. La terna, no obstante, hizo lo que mejor pudo, intentando agradar de cualquier modo al escaso público de sombra. Antonio Ferrera, en esta temporada suya tan a contracorriente, estuvo voluntarioso y cortó una oreja dentro del lote más deslucido. En el cuarto hizo esas cosas raras tan suyas. Mandó parar la música y tocar algo más alegre. Se lo agradecimos porque aquello iba ya en modo entierro. El toro no valía nada pero había que intentarlo.

A otro que le gusta más la galería que otra cosa es El Fandi. Cierto es que viene de una grave operación, que ya no es el torero bullanguero y llenaplazas de antaño pero si encima vienes a Ávila y no puedes conectar con el público de sol porque este es inexistente, apaga y vámonos. Pero al escaso respetable le gustan las miradas al tendido, los molinetes y los pases de rodillas. Así que cortó una oreja en dos faenas de destoreo, guiños al público y algún revolcón que afortunadamente quedó en nada. Su primer toro de Ave María, repetidor, humillador y noble, quería más y mejor muleta. Puerta grande generosa. Dios te libre de un buen toro. Y Dios nos libre de que le toque al Fandi. Si esta ganadería, que se prodiga poco, tiene más toros como el segundo y el tercero, bienvenida sea. Y es que el tercer toro de la tarde fue codicioso. Esaú Fernández torea poco, su carrera ha quedado un poco en segundo plano pero aquí era consciente de su tarde y Esaú le robó el toreo más caro de la tarde en tres tandas de entrega y largura. Es un torero de altura estimable y se ha visto obligado a torear siempre muy por abajo, pero le salieron unas series perfectas. El triunfo quedó en nada por un manejo horrible de la espada, como en el sexto. El titular aquí o en otros portales debería haber sido: Esaú se reivindica y sale por la Puerta Grande de Ávila. Puerta de los Caballeros. No lo hizo.

Unos espectadores de atrás se fueron con el primer pinchazo del sexto toro. Es que nos cierran el bar. El jamón ya había sido sorteado y entregado. Su ganador seguro que lo disfrutó. La empresa estaría a esas horas llorando porque no le daba ni para pagar a la banda de música, que hicieron un esfuerzo inusitado por calentar el ambiente. También habría que decirles que hay pasodobles más bonitos que el Gato montés, Gallito o Amparito Roca, que son de plaza de pueblo. ¿Y el Ayuntamiento? Esos no se enteran. Dirán que el festejo ha sido un éxito y que la plaza estaba medio llena. Ya han cumplido el primer punto de la legislatura, que se inauguró por la mañana. Quizá por eso no fueron a los toros, estarían ebrios de triunfo. Los pocos aficionados nos fuimos desolados. ¿Y los toreros? Espero que los hayan pagado. Esau Fernández se marchó cabizbajo lamentando lo que podría haber sido un gran triunfo; David Fandila salió a hombros sin apreturas, no es que hubiera masas en la puerta grande, y Ferrera emprendió el camino de vuelta hacia la puerta de cuadrillas entre unos tendidos que ni aplaudían ni gritaban. Lógico: eran un páramo, un triunfo del cemento. De Nemo. De nadie. Que alguien lo arregle, por favor. La plaza de Ávila se muere. 


David Ferrer, 18 de junio de 2023. 

Corrida de Ávila

La tarde en imágenes
Feria de Plasencia / Estábamos a sábado, un 10 de junio de 2023 / Y comparecían en la centenaria plaza de Plasencia toros de Zalduendo, Antonio Ferrera, Emilio de Justo y Álvaro de la Calle como sobresaliente. Tarde sin viento, ambiente festivo.
Una terna con torero daliniano y Grúas Eugenio de fondo.

Después de la rigidez académica de Las Ventas, conviene darse un baño popular y festivo. La Plaza Mayor de Plasencia congrega a la población a la hora de la comida en un ambiente jaranero y de charanga. Son las ferias. Las lluvias de los últimos días hacen que los rezagados compren sus entradas a última hora y lo que se pronosticaba en media entrada se resolvió en una grata sorpresa para espectadores, actuantes y empresa: casi un lleno en los tendidos. Había dudas acerca de tal respuesta ante la baja repentina de José María Manzanares, a quien deseamos pronta recuperación. Pero el público presente, placentino o de localidades extremeñas, respondió con cariño a este cartel de la tierra. Ahora, en tiempos de escasez de festejos, deberían limitarse a circunstancias extraordinarias estos mano a mano. Las empresas pueden ayudar mucho en este sentido y no habría estado mal incluir a un espléndido Ginés Marín o darle una oportunidad a Juanito.

La plaza de Plasencia es más grande de lo que aparenta en su exterior. En la puerta principal, que hace también las funciones de puerta de cuadrillas, unos números en hierro recuerdan una fecha: 1882. Por aquí estuvo entonces Frascuelo y, con posterioridad, y en las sucesivas remodelaciones, todos los toreros del escalafón. Estas lecciones de historia no ocultan la incomodidad y estrechez de la plaza y se unen a ciertas costumbres que se dan en esos cosos en los que apenas hay unos pocos festejos al año: el público llega tarde, se mueve entre la lidia y no hay un criterio firme en la valoración de las faenas. La presidencia, además, algo desnortada: en estas cosas de la igualdad, bienvenida para todo, se pone a una señora a presidir el festejo y a su lado dos señoros que deben indicarle en todo momento hasta cuando saludar o cuando sacar el pañuelo.  Está bien apuntarse a presidir pero hay que estudiar un poco antes las normas y los reglamentos. Así las cosas, y ante un público jaranero y de ferias, se asomaron por el palco más pañuelos de los que debieron. Pero, ya se sabe, dos toreros de la tierra, público en feria, presidencia con miedo.

Ninguna plaza histórica, y tampoco las modernas, debe descuidar ni el aspecto estético del festejo ni el alma del mismo. Los ángeles del barroco que pueblan la preciosa Catedral Nueva de Plasencia lloran en cada festejo por el atentado que supone poner en la plaza unos enormes cartelones publicitarios. Así, encima de toriles, Grúas Eugenio nos recordaba a la salida de cada toro su abnegada labor para la recolección de residuos y de escombros. Ya puestos hubiera sido mejor que los toros descendieran al centro del ruedo mediante una enorme grúa de obra. Venga grúa, arriba toro, abajo toro. Venga, otro. Al fin y al cabo la corrida de Zalduendo, un escombro novilleril, fea de pitones, como manseante en todos los tercios, hubiera ganado llegando al ruedo por generosidad de Grúas Eugenio. El toro de más peso llegó a los 490 kilos: pero estuvieron todos en una media de 450. La estética es importante pero darle importancia al festejo con una buena corrida es algo más que necesario. Zalduendo seguro que tiene mejores toros. 

Dejábamos constancia en estas páginas de la extraña e injusta postergación de un torero tan sorprendente como Antonio Ferrera. Parece, poco a poco, que el torero va entrando en algunos carteles en esta extraña temporada suya. También de la necesidad de que Emilio de Justo encuentre de nuevo ese sitio excelso que tiene en cuanto a colocación y lidia. Aquí el ambiente, más relajado y festivo, sin las rigideces enconsertadas de Madrid, era propicio para ello. Pero habrá que tener toro. Ferrera, por ejemplo, poco pudo con su terciado primero al que le dio por por hacer embestidas cubistas acunándose a cada momento hacia las tablas. Imposible su lidia como la suerte suprema con un toro que se movía en diagonal como algunas piezas de ajedrez.

Sin ser gran cosa, le tocaron a Ferrera los dos mejores toros del encierro, el tercero y el quinto. En el tercero se vio espoleado por las sorprendentes dos orejas a Emilio de Justo y es que no hay mejor acicate que la competencia y el triunfo ajeno. La tarde de Ferrera fue daliniana: como se entrega y hace tanto por llegar al público, su pelo rizado se alborota dejándole un aura de artista inverosímil, desatado, audaz, daliniano. Quiere hacer tanto que a veces las cosas no le salen o el público no le comprende. Y otras que parecen excentricidades tienen más bien un fondo juicioso: el ruedo de Plasencia es pequeño, por lo que Ferrera insistió en que solo saliera uno de los picadores mientras el otro quedaba no guardando la puerta sino guardando el túnel. Lució largo a esos dos toros y estableció con todo un debate con parte del público: quiero música, quiero más música, ahora le doy otro puyazo aunque se haya cambiado el tercio. En cuanto a la lidia, y a pesar de la condición de sus oponentes, sigue en ese repertorio daliniano. Se lució bien en el tercero, salió andándole al toro con garbo y parsimonia y ya con los compases de Concha Flamenca, que tanto le gustan, realizó una labor larga en la que predominaron la distancia y los detalles. Tras una estocada, el público sopesó que si a Emilio de Justo le habían dado dos orejas, al veterano no le iban a dar menos. 

Sin embargo, la mejor faena desde el punto de vista técnico vino en el quinto: naturales despaciosos, pases de pecho larguísimos y un bellísimo pase de las flores dentro de su personal tauromaquia barroco-surrealista que, según las ocasiones, sorprende al público. El torero se transmuta en genio daliniano, los cabellos largos como una aureola. Y como el toro era pronto, Ferrera lo puso en los medios. Y allí se fue a matarlo de largo, como tantas veces ha hecho en estos últimos años. La estocada fue certera y ahora sí, fueron merecidas las dos orejas. 

Emilio de Justo hizo la parte clásica del festejo. Plasencia tiene buenos ejemplos de Renacimiento. Hay que ponerse en su piel, en sus hombros, en su cuello. Vestirse de luces es para él una ilusión intacta pero se aprecia ese cuerpo sufriente, dolorido que aún está recuperándose. Nada pudo hacer con el sexto, rajado y manseante, y la faena al cuarto parecía abocada al fracaso cuando en las proximidades del sol pudo robarle unas tandas sentidas y profundas que fueron de lo mejor de la tarde. En el segundo toro de la tarde, firmó una buena faena en la que se apreció que el mejor pitón era el izquierdo. Una pena que cayera baja la espada, lo que no desanimó a ese público jaranero, que pidió sin denuedo las dos orejas. Estas dos + dos de Ferrera + una de De Justo + dos de Ferrera hacen siete. No se dejen llevar por las matemáticas.

Podían haberle dado otras dos a Álvaro de la Calle, sobresaliente. De ahí que hablara en el título de terna en este mano a mano. No dio un pase, no hizo un quite en su tapado papel de sobresaliente. Pero le ha caído tan bien este torero a la afición que se llevó en su salida de la plaza la ovación más sentida. Si esto es así, ¿qué hacen las empresas de plazas de segunda o de tercera que no le dan una pequeña oportunidad?

Cuando salíamos, exhaustos y con las rodillas adormecidas, el cartel de Grúas Eugenio seguía allí.

David Ferrer, 11 de junio de 2023. 

Feria de Plasencia

La tarde en imágenes

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